miércoles 7 de enero de 2009

La Cruz de Peñalba - Tesoro del Bierzo en alma de latón

La llamada Cruz de Peñalba es una cruz griega de azófar fundido y cincelado. Sus medidas son 49 x 49 cm. y 0,4 cm. de espesor. Es patada, de ápices cóncavos, y sus brazos, de láminas de latón, se insertan en un disco central compuesto por dos chapas unidas mediante ocho pequeños clavos.
A diferencia de otras joyas prerrománicas más solemnes, confeccionadas en oro y nobles maderas, en este caso se eligió el latón: una aleación de cobre y cinc de color amarillo pálido aunque susceptible de un brillo y pulimento similar al oro.
Se sabe que la fabricación de latón era conocida por los romanos desde el siglo I a. C. Plinio y Dioscórides describen la obtención de aurichalcum (latón) por el procedimiento de calentar en un crisol una mezcla de cadmia (calamina) con cobre; el latón obtenido posteriormente era fundido o forjado para fabricar objetos. Se cree que el término latón podría derivar del latín medieval luteum aes, literalmente "bronce amarillo". Fue conocido también con los nombres de oricalco y azófar (en árabe "amarillo"). Los artesanos y artífices hispanomusulmanes destacaron especialmente en la elaboración de objetos decorativos de bronce y latón, a menudo con aleaciones o baños parciales de oro y plata. Los artistas se entregaban a una profusa decoración incisa o cincelada: delicados motivos geométricos y vegetales, o las sempiternas inscripciones cúficas.
Toda la pedrería que exhibe nuestra cruz es falsa, fruto de una restauración tardía en la que también se añadieron las letras pendientes alfa y omega. Es muy posible que originalmente llevara unas letras análogas, pues los elementos para su anclaje parecen estar previstos en su diseño. Los chatones de pedrería, tal y como hoy se presentan, suman un total de treinta piezas: seis en cada uno de los brazos distribuidos por parejas del mismo color, a los que hay que añadir cuatro más engastados en el disco central, una gran gema, falsa como todas las demás, en el centro y otra en el reverso.
El deterioro y la pérdida total o parcial de la pedrería debieron ser un problema habitual en la historia de este tipo de cruces. Debe tenerse en cuenta que sería muy frecuente su exhibición pública, su salida en procesión y darlas a besar a los fieles que acudían a venerarlas a los tesoros de iglesias y monasterios. Faltas similares también existían, según consta en descripciones anteriores a su desaparición, en la cruz donada por Alfonso III a la iglesia de Santiago de Compostela.



En el anverso de nuestra curz una fina cenefa cincelada recorre todo su perímetro, con la excepción del brazo inferior. Este detalle hace pensar en algún tipo de dispositivo para su sujección o exposición, tal vez un vástago o astil para su exhibición. Igualmente, cabe la posibilidad de que el disco medial se invirtiera en algún momento, pues se acusa su orla en repujado, idéntica a la desarrollada en los cuatro brazos por su reverso. El labrado se realizó con cincel y martillo sobre planchas de latón de poco grosor, siguiendo un diseño, el cual en una de las caras resaltará el relieve, mientras que en la otra, se notarán los huecos negativos del motivo.
Se utilizó aquí el motivo del tallo ondulado formando roleos o botones. El asunto es similar, aunque no igual, a otros basados en el entorchado de dos tallos o cabos que tiene precedentes vinculados a lo visigodo, como ocurre con el fragmento de celosía de tipo "emeritense" del Museo de Tarragona. En la misma línea están las impostas del arranque de las bóvedas laterales de San Juan de Baños. En la arquitectura asturiana los ejemplos conocidos son de la segunda mitad del siglo IX o principios del X (San Miguel de Lillo, San Salvador de Priesca, San Salvador de Valdediós), a los que se podría añadir la orla de doble trenza tallada a bisel que rodea la ventana bífora de la iglesia de San Martín de Salas. De cronología no precisada, aunque más próximas formalmente a nuestro modelo, son otras muestras dispersas como los restos decorativos conservados en los muros de las iglesias de Santa Eulalia y Moreruela de Tábara (Zamora).
Una inscripción solemne da cuenta de la identidad del donante y su dedicación. El texto se reparte en el reverso, en los cuatro brazos de la cruz. Se grabó con buril utilizando una grafía de capitales en finos trazos oblicuos. La separación entre palabras se hace por triple interpunción, incluyendo también dos cruces griegas:
+ IN NOMINE DOMINI NSI / IHU XPI OB ONOREM / + SANCTI IACOBI / APSOTOLI RANEMIRUS REX OFRET



Como vemos, la joya fue donada por Ramiro II al monasterio de Santiago de Peñalba en fecha no precisada. El texto no incluye referencia cronológica alguna. Tradicionalmente se ha venido situando esta entrega en torno a 940, pues en este año el rey leonés hacía una importante donación patrimonial al cenobio berciano. También es posible que formara parte de la dote fundacional de la iglesia, cuya consagración por el obispo Salomón tuvo lugar en 937. Esta fecha ha sido recientemente conocida después de la limpieza y restauración de los paramentos del templo.
No fue ésta, desde luego, la única cruz preciosa existente en el Bierzo. Tenemos noticia de la donación de otras joyas similares a otros monasterios de la comarca. Según un diploma del Tumbo Viejo de San Pedro de Montes, en 918 Ordoño II habría entregado a este cenobio, entre otros presentes, una "crucem argeteam similiter deauratam cum lapidis preciosis instructam". Igualmente, el monasterio de los Santos Justo y Pastor de Compludo contó en algún momento con una "crucem argenteam similiter de aurata" debida a una donación, nada menos, que del rey visigodo Chindasvinto y su esposa Reciberga en 646. Como ha demostrado la crítica ambos documentos parecen ser falsificados o interpolados, pero esto no excluye que estas cruces efectivamente existieran y fueran atribuidas, con mayor o menor fortuna, a los mencionados monarcas.
La mayoría de los autores han tratado de relacionar esta cruz apocalíptica, emblema constante de la monarquía asturiana, y más tarde de la asturleonesa, con aquella otra cruz de piedra existente hasta hace poco tiempo en la fachada de la ermita de la Santa Cruz, en Montes de Valdueza. Ambas piezas remiten, a su vez, al modelo de cruz asturiana por antonomasia conservado en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.
La Cruz de los Ángeles o Cruz de Oviedo es una joya de oro con alma de madera de cerezo, pedrería fina y entalles y camafeos romanos reaprovechados, donada por Alfonso II a la basílica del Salvador de Oviedo en el año 808. De época de Alfonso III, y basadas en el mismo modelo, pueden citarse la cruz de Santiago de Compostela, donada por el rey magno a la catedral en 874 y robada en 1906, y tal vez también la procedente de Fuentes de Peñacorada, hoy en el Museo Catedralicio-Diocesano de León.
Este tipo de cruces no se han de identificar como exclusivamente asturianas o de tradición asturiana, como frecuentemente se definen; pues ya con anterioridad se conocían y utilizaban en la escultura y en la orfebrería plenamente visigodas. Se trata de un motivo iconográfico muy habitual en el que deben incluirse los crismones, las cruces o anagramas con representaciones del lignum crucis -bien sean griegas o latinas- expuestas para su veneración pública en bloques o placas de piedra, pintadas en muros, estampadas en ladrillos de barro o bien grabadas en medallones como el crismón de Quiroga. Frecuentemente aparecen sostenidas por vástago o astil inferior vertical, sobre peanas o andas.

Son asuntos herederos del más primitivo monograma griego o aspa de Cristo de tiempos paleocristianos. Su institucionalización como vexilum político-militar vinculado a la máxima autoridad del Estado se produce desde época de Constantino, continúa en las cruces visigodas y se traslada más tarde a la monarquía asturiana como símbolo del rito áulico y de las milicias cristianas. La inclusión de las letras alfa y omega, aleph y tau de los hebreos, remite al Apocalipsis de San Juan "yo soy alfa y omega, primero y último, principio y fin". El asunto sobrepasa la pura decoración arquitectónica o epigráfica y se manifiesta también en la miniatura altomedieval, siendo un tema representado insistentemente en los códices hispánicos.
También el emblema de la cruz comparece en las fuentes de la época como lábaro protector. Así Valerio del Bierzo invocaba la Cruz Victoriosa, en uno de los pasajes de su "Autobiografía". Se trata de un episodio sobrenatural ocurrido en la iglesia de San Feliz. Cuando intenta salir del templo un amenazador gigante-demonio bloquea la puerta de entrada. Es en este momento cuando señala en su frente el signo y pronuncia: "Ecce, inquio, crucem Domini mei iesu Christi, qui est uirtus et uictoria mea". Este uso como amuleto protector explica la aparición frecuente, tanto en la miniatura altomedieval como en la decoración de los templos y palacios hispanos, de fórmulas apotropaicas del tipo: "Hoc signo tuetur pius, hoc signo uincitur inimicus" o "Signum salutis pone Domine in domibus istis et non permittas introire...".

La cruz de Peñalba fue donada en 1879 por el obispado de Astorga, entonces bajo el gobierno de Mariano Bresmez y Arredondo (1875-1885), al Museo de León, donde figura con número de inventario 15. Se hace eco del acontecimiento Ramón Álvarez de la Braña en un artículo escrito en Ponferrada el 25 de septiembre de este mismo año: "De ella [de la iglesia de Santiago de Peñalba] procede la cruz votiva de estilo bizantino, que posee el Museo Arqueológico Provincial de León y que le fue donada hace pocos meses por el Ilustrísimo Señor Obispo de Astorga". Por estas fechas ejercía como cura encargado de Peñalba el ecónomo de Montes, Hilario Lobo Cadierno.

El ingreso inicia una serie de donaciones que junto con las de obispado de León, la Diputación, el Ayuntamiento de la capital, la Sociedad Económica de Amigos del País y un grupo de particulares, contribuyeron a engrosar las colecciones de un museo inaugurado en 1869 y permitieron así formar una muestra museográfica de vanguardia. En imágenes de principios del siglo XX puede verse ya nuestra cruz, expuesta sobre peana de madera y guarnecida en vitrina de cristal, en su antigua ubicación: la Sala del Museo o "del Tesoro" en San Marcos. En la actualidad puede contemplarse en las modernas y céntricas instalaciones del Museo en el edificio Pallarés.

2 comentarios:

Diario Infobierzo dijo...

Un buen trabajo y muy interesante, me gustaría que me escribieses al mail direccion@infobierzo.es, ya que el reportaje sobre la Cruz de Peñalba es muy interesante y nos gustaría incluirlo en alguna sección del diario, como Patrimonio (siempre bajo su autoría claro, la intención es difundir el trabajo)

Administrador dijo...

Excelente.

Es de agradecer el trabajo realizado en favor de la divulgación cultural de El Bierzo.

Deseo, en nombre de la asociación de la que soy administrador del Blog, que continúe adelante.

En cuanto me sea posible añadiré un enlace a su blog.