jueves, 19 de noviembre de 2015

El epígrafe de consagración de la iglesia del monasterio de San Pedro de Montes - En torno a sus fuentes literarias y sus fundamentos ideológicos y políticos


La célebre inscripción de San Pedro de Montes es uno de los testimonios más interesantes para el conocimiento, no sólo de la historia inicial de este importante cenobio berciano, sino de los pormenores de todo el proceso de repoblación monástica que se desarrolló en las tierras de la cuenca del Duero entre los siglos IX y XI.
Contamos ya con referencias a este monumento epigráfico en la bibliografía desde el siglo XVI. Ambrosio de Morales en su "Crónica general de España" atribuye su autoría a San Genadio, y dice que "habiendo edificado la iglesia que agora dura, lo dejó todo especificado en una gran piedra que mandó poner a la puerta por donde se entra desde el claustro" . 
El cronista de Felipe II vuelve a ocuparse del asunto en su “Viage”, concretamente al hablar de los orígenes del cenobio: “En el claustro a la entrada de la iglesia en una losa está escrito lo siguiente, fielmente sacado con sus malos latines de entonces”. A continuación, ofrece la primera lectura conocida del epígrafe . A partir de entonces el texto fue reproducido por numerosos autores, como Yepes, Sandoval, Gregorio de Argaiz, Rodríguez de Castro, Flórez, Quadrado, Hübner, Gómez Moreno, Fernández Pousa, etc .
El epígrafe se encuentra situado en el lado izquierdo de la portada románica, hoy cegada, que comunicaba la parte norte de la iglesia con el Claustro reglar o "Claustro de los arcos", reformado en el siglo XVII. La piedra está encastrada en el contrafuerte exterior a media altura.
Es un tablero rectangular de mármol blanco de 101 x 46 cm. El estado de conservación es bastante bueno, aunque se observan algunos desperfectos que no impiden su lectura completa. Su campo epigráfico está rebajado y delimitado por una moldura rota en el ángulo superior izquierdo y sobretodo en el superior derecho. En este último sector la rotura parece ser anterior a la preparación de la lápida, pues las tres primeras líneas del texto se alejan del comienzo de la moldura y terminan justo antes del corte de la piedra.
El texto ocupa todo el espacio disponible, con unos márgenes muy reducidos con respecto a la moldura. Consta de nueve líneas y está escrito en capitales de cuerpo estilizado y factura no muy regular. En palabras de Gómez Moreno sus caracteres son “desgarbados semimozárabes” y “poco elegantes del siglo X ”. 
Sus tipos se alejan de las líneas rectas propias del corte clásico. Por el contrario, las letras son algo curvadas y siguiendo la tradición de la escritura altomedieval varían de tamaño en función de las necesidades de espacio de su artífice. Además, se emplean con frecuencia las abreviaturas, las ligaduras y algunas letras están embebidas o ajustadas.
La caligrafía utilizada es muy variable, con el uso letras iguales bajo diferentes diseños. Entre los aspectos particulares hay que destacar la aparición de la “T” de tipo clásico, o con el bucle en su ápice izquierdo, rasgo que se ha venido identificando como característico de lo “mozárabe”. La “A” suele sustituir su ángulo superior por un rasgo recto horizontal. En la “N” el trazo oblicuo muere a media altura, mientras que hay alguna “N” coja, esto es con su trazo derecho que no apoya en la línea de la caja. La “P” en unos casos es cerrada y en otros tiene su parte curva ligeramente abierta. La “O” es generalmente de tendencia ovalada, pero alguna de ellas es de clara forma romboidal.
El lapicida se sirvió de renglones como ayuda y utilizó interpunción de dos puntos para separar algunas palabras. La línea central, la quinta, tiene un tratamiento especial, con un mayor cuerpo de letra y una caligrafía algo más esmerada. Esta línea actúa como eje de simetría, no sólo en lo material, sino también del contenido, pues se pretende así resaltar el acontecimiento central de todo el discurso narrativo: la construcción de un nuevo templo por el obispo Genadio.
El objeto principal de la inscripción es conmemorar la consagración de la nueva iglesia por cuatro obispos el 24 de octubre del año 919. Pero este acontecimiento está precedido por un largo preámbulo, en el que se hace una recapitulación de las diferentes fases constructivas del monasterio y el templo desde los tiempos de San Fructuoso, su primer fundador.
En la “narratio” se utiliza en todo momento la tercera persona y el pasado, y los verbos tocantes a las diferentes acciones constructivas se llevan a la parte final de cada uno de los versos: “condidit”, “dilatabit”, “restaurabit” y “erexit”. Cada una de las fases o momentos de la fundación, restauración y renovación del monasterio ocupan una o dos líneas completas, a excepción de la consagración que se extiende por las tres líneas finales.
Parece, por tanto, que hay una cierta cadencia rítmica. Esta circunstancia ya fue advertida por Maurilio Pérez González, para quien esta inscripción, junto con la de San Martín de Castañeda, "su prosa también parece tener carácter rítmico o, al menos, pretende tenerlo".

La transcripción y su traducción son las siguientes:

INSIGNE MERITIS BEATVS FRVCTUOSVS POSTQVAM COMPLVTENSE CONDIDIT /
CENOBIVM: ET N(omin)E S(anc)C(t)I PETRI BREBI OPERE IN HOC LOCO FECIT ORATORIVM:/
POST QVEM NON INPAR MERITIS VALERIVS S(an)C(tu)S OPVS AECLESIE DILATABIT/:
NOBISSIME GENNADIVS, PR(e)SB(i)T(e)R CVM XII FR(atr)IB(u)S RESTAURABIT ERA DCCCCXXX IIIA /
PONTIFEX EFFECTVS A FVNDAMENTIS MIRIFICE VT CERNITVR DENUO EREXIT/
N(on) OPPRESSIONE VVLGI SED LARGITATE PRETII ET SVDORE FR(atr)VM HUIS MONASTERII/
CONSECRATUM E(st) HOC TEMPLV(m) AB EPI(scopi)S IIIIOR: GENNADIO ASTORICENSE: SABARICO /
DVMIENSE: FRVNIMIO LEGIONENSE: ET DVLCIDIO SALAMANTICENSE: SVB ERA /
NOBIES CENTENA: DECIES QVINA: TERNA: ET QVATERNA: VIIIIO K(a)L(en)D(aru)M: N(o)B(e)MBR(u)M/

“El bienaventurado Fructuoso, insigne en méritos, después de fundar el cenobio Complutense, también hizo un oratorio pequeño en este sitio, con nombre de San Pedro. Después de ello, el no inferior en méritos y santo Valerio amplió el edificio de esta iglesia. Modernamente, Genadio, presbítero, con doce frades, lo restauró en el año 895. Una vez hecho obispo, erigiólo de nuevo desde sus cimientos admirablemente, como se echa de ver, no mediante opresión del pueblo, sino con grande costa y con sudor de los frades de este monasterio. Fue consagrado este templo por cuatro obispos: Genadio, astoricense; Sabarico, dumiense; Frunimio, legionense, y Dulcidio, salamanticense, en 24 de octubre del año 919".

El relato es muy interesante, porque permite acercarse a las fuentes utilizadas por los artífices de este documento epigráfico para componer su discurso. Varias de estas fuentes pueden ser identificadas de forma precisa, lo cual hace de esta lápida una pieza singular en comparación con otros epígrafes altomedievales. A través de ella podemos comprender mejor las motivaciones ideológicas y políticas presentes en las fundaciones y restauraciones de monasterios, tan frecuentes en el reino de León entre los siglos IX y XI. Los hitos principales de este relato serían los siguientes:

1. Fundación de un oratorio dedicado a San Pedro por San Fructuoso, después de haber fundado el monasterio de Compludo.
“Insigne meritis beatus Fructuosus postquam complutense condidit cenobium et nomine Sancto Petri brebi opere in hoc loco fecit oratorium”.

La información que nos suministra el comienzo de la inscripción (primera y segunda línea) está basada fundamentalmente en la “Vita Fructuosi”, uno de los grandes patriarcas del monacato visigodo del siglo VII. El relato se nos ha trasmitido en varios códices medievales incluido en la compilación hagiográfica hecha por Valerio del Bierzo. En un principio su autoría fue atribuida por casi todos los editores antiguos al propio Valerio, pero en la actualidad, gracias sobretodo a los estudios de Manuel C. Díaz y Díaz, la obra se considera de algún seguidor de Fructuoso, probablemente monje, y residente en alguna de sus fundaciones .
En la “Vita” se emplea repetidamente los tratamientos de “beatissimum” y “sanctissimus”para referirse a Fructuoso y, tal y como se recuerda en nuestra inscripción, se habla de esta fundación como hecha poco después de la de Compludo. Sin embargo, en la “Vita” no se indica la advocación de este “oratorio”, sino que se alude al monasterio “Rufianense”, donde Fructuoso vivía recluido en un edículo o “ergástula” . Para la mayoría de los autores este hecho se habría producido hacia el año 640, y la fundación primigenia tendría más un carácter de eremitorio, orientado al retiro y a la vida contemplativa, que de un monasterio propiamente dicho.
Sabemos, por otras fuentes, que Genadio conoció la "Vita Fructuosi" y los escritos de Valerio en su juventud, desde los mismos inicios de su formación como monje en el monasterio de Ageo . Es a través de la lectura de estos relatos hagiográficos como los monjes de Ageo se sienten atraídos por la tradición eremítica y cenobítica de las montañas del Bierzo, y proyectan la restauración del monasterio de San Pedro de Montes, fundado por San Fructuoso en el siglo VII.
En el documento conocido como “Testamento de San Genadio”, el obispo astorgano al recordar su juventud en el monasterio de Ageo, dice de San Pedro de Montes: "que primero fue habitado por San Fructuoso, y después por San Valerio, cuyas santas vidas y resplandor de sus virtudes y milagros, declaran las historias que de ellos hay escritas". Este importante documento, fundamental para el conocimiento de la vida de Genadio, suele fecharse en torno a los años 915, 919 ó 920, pero los detalles suministrados sobre su estancia en el monasterio de Ageo tienen que remontarse necesariamente antes del año 895. Frente al “insigne meritis con que es presentado Fructuoso en la inscripción, en el “Testamento” Genadio se autodefine como “pauper meritis, abundans scelirubus, indignus episcopus” .
En el monasterio de San Pedro de Montes se conservaron durante mucho tiempo una serie de libros atribuidos a la colección privada de Genadio. Ambrosio de Morales alcanzó a verlos en el siglo XVI, y los identifico con la biblioteca que el santo había donado en su “Testamento”a los monasterios bercianos de San Pedro, San Andrés, Santiago y Santo Tomás. En palabras de Morales: “todos son de letra gótica, tan antigua que manifiestamente muestran como son los mismo que el Santo dexó ... pues son como reliquias, en consideración que el Santo los trató mucho, y estudió en ellos”. Entre los ejemplares descritos se menciona una “Vita Patrum, deshojado, tienen las Vidas de San Paulino, Santo Agustín, San Gerónimo, y pocas más, fue gran volumen” . Independientemente de que este libro hubiera pertenecido o no al obispo astorgano hay que señalar que estas piezas hagiográficas son partes integrantes de la compilación de Valerio.

2. Ampliación de la iglesia por San Valerio.
“Post quem non inpar meritis Valerivs sanctus opus aeclesie dilatabit”.

El contenido de la tercera línea de la inscripción se fundamenta específicamente en los escritos autobiográficos de Valerio. En ellos el monje berciano ofrece pormenores de su llegada al monasterio y su estancia durante muchos años en la misma celda en la que había habitado antes San Fructuoso. En estos textos el monasterio es denominado "Rufianense", como ya se hacía en la "Vita Fructuosi".
El nombre de “Rufianense” haría alusión al poseedor de un antiguo “castillo” situado en las inmediaciones. Así en el "Ordo querimonie prefati discriminis" leemos: "En el límite del territorio del Bierzo, entre otros monasterios, junto a un castillo cuyo antiguo propietario le diera el nombre de Rufiana, hay un monasterio entre unos valles de elevados montes, fundado tiempo atrás por San Fructuoso de bendita memoria, en que la divina piedad me colocó para permanecer para siempre" .
Pero tanto Genadio, como sus compañeros, pudieron deducir la advocación del cenobio a los santos apóstoles Pedro y Pablo a través de la lectura de los textos de Valerio, pues en uno de los pasajes de sus obras dice que “celebraba el oficio ... en el santo altar de los apóstoles” y “de la construcción y obra allí junto al altar de los santos apóstoles, se ha escrito brevemente en la historia anterior”. Por otra parte, uno de sus poemas está dedicado expresamente a San Pedro y San Pablo: “Conversio deprecationis ad Sanctos Apostolos”  .
Respecto a la ampliación de la iglesia por Valerio no encontramos una referencia específica en sus obras, pero sí hay mención a obras de ampliación de las estancias monacales y del huerto inmediato construido en el atrio. En "Replicatio sermonum a prima conversione" se dice que su sobrino Juan "en aquel páramo plantó viñas, una huerta y muchos frutales de distintas clases, y puso los cimientos para unas habitaciones, y se ocupa de que todo lo que sea necesario en uno y otro lado vaya adelante". En cuanto al atrio: "...con la ayuda de Dios, poco a poco, se allanó gracias al trabajo de unos jornaleros un estrecho, pero suficiente espacio para un pequeño atrio" .
Por tanto, esta "ampliación" de la iglesia por Valerio, tal y como se registra en el epígrafe, pudo basarse en la lectura de estas fuentes. Pero también debe considerarse la interpretación de los restos constructivos que probablemente perduraban del antiguo monasterio visigodo a finales del siglo IX. A fin de cuentas, la ruinas que encontraron los monjes repobladores pertenecerían a los últimos edificios habitados por Valerio, cuya muerte suele fijarse en torno al año 695.
Varios restos constructivos altomedievales se conservan actualmente en el último cuerpo de la torre de la iglesia monacal. Su cronología no puede precisarse, pues se trata de fustes de columnas y capiteles de mármol que podrían haberse utilizado tanto en la fundación visigoda como en el monasterio repoblado por Genadio . A estas piezas deben añadirse otras que se reaprovecharon en la portada de la próxima ermita de la Santa Cruz, entre ellas un posible fragmento de cancel visigodo .

3. Restauración por el presbítero Genadio en el año 895.
“Nobissime Gennadius presbiter cum XII fratribus restaurabit era DCCCCXXX IIIa”.

Las acciones acometidas por el presbítero Genadio, con la colaboración de doce "fratres", son muy escuetas y se resumen a través del verbo «restaurar». Esta cuarta línea está precedida con la expresión “nobissime”, no habitual en los diccionarios del latín clásico. Con este término se quiere establecer una cesura temporal entre el pasado visigodo de San Pedro de Montes y las iniciativas repobladoras de los siglos IX y X.
Los detalles de esta "restauración" se corresponden nuevamente con el relato del llamado “Testamento de San Genadio”, en el que describe, efectivamente, como Genadio, en compañía de doce hermanos salió del monasterio de Ageo para “restaurar” las ruinas del antiguo monasterio de San Pedro de Montes: “viviendo en la obediencia de mi padre y abad Arandiselo en el monasterio de Ageo, ansioso de la vida solitaria, con otros doce hermanos, y la bendición de mi viejo abad, caminé al desierto de San Pedro, que primero fue habitado por San Fructuoso y después por San Valerio”.
El uso del verbo “restaurar” tiene en nuestra lápida un marcado componente ideológico que debe ser analizado. Desde que Astorga fue repoblada de una manera definitiva por Ordoño I, hacia el año 854, e integrada en los organigramas de la monarquía astur, debió crearse una circunscripción basada en la tradición romano-visigoda y en la organización eclesiástica. En consonancia con lo que se ha venido en llamar “neogoticismo” astur se restaura el obispado y se establece un marco político-territorial en el que el Bierzo tiene una personalidad propia muy definida.
Esta actividad restauradora es común a gran parte de los territorios del reino, donde los ejemplos se multiplican. La “Crónica Albeldense”, al referirse a las iniciativas políticas y religiosas de Alfonso III, dice: “Todos los templos del Señor son restaurados por este príncipe, y en Oviedo se edifica una ciudad con palacios reales” .
La repoblación de Astorga supuso la recuperación de los territorios del viejo obispado, donde, además de las labores de colonización agraria, se fundan o se restauran iglesias y monasterios. Todo este ambicioso programa político contó lógicamente con la dirección, impulso y apoyo de los reyes asturleoneses.
María Concepción Cosmen Alonso ha recopilado algunos testimonios de estas “restauraciones” localizadas dentro del territorio de la diócesis. El monasterio de San Dictino de Astorga, situado fuera de las murallas, fue rehabilitado como residencia episcopal y su templo “venerabilis ecclesia vetusto fundamine” restaurado y dotado por el obispo Fortis en torno al año 925. El mismo camino seguirá el monasterio de San Pedro de Forcellas, ubicado en la zona montañosa de La Cabrera, que fue donado por el rey Ramiro II en el año 935 al obispo Genadio para que “como estaba destruido» lo restaure y ponga en él una comunidad regular”. San Martín de Castañeda fue rehecho desde los cimientos, sobre un pequeño edificio anterior dedicado a San Martín. Al lado de estos ejemplos la iglesia de Villanueva de Valdueza fue “facta et restaurata” por el obispo Ranulfo a fines del siglo IX, el oratorio de Santa Cruz de Montes reedificado en el año 905 y el cenobio de Santa Leocadia de Castañeda, junto al Sil, rehecho en torno al 916.
Estas “restauraciones” se hicieron sobre la base de viejos edificios arruinados, de los que los “restauradores” conocen su pasado con mayor o menor precisión. Los nuevos templos y monasterios muy probablemente reaprovecharon elementos constructivos de las fundaciones anteriores. Como señala José Alberto Moráis Morán la reapropiación selectiva y particular de los restos materiales de las construcciones del pasado, con la voluntad expresa de reutilizarlas en los nuevos contextos materiales del medievo, posee un claro antecedente en la edilicia tardoantigua .
En este aspecto, y en otros, la lápida de San Pedro de Montes guarda importantes similitudes con los monumentos epigráficos de San Miguel de Escalada y San Martín de Castañeda, pues en los tres casos se acomete una "restauración" sobre la base de un asentamiento cristiano anterior. Sin embargo, en Castañeda y Escalada se restauran templos de los que apenas se recuerda su pasado, porque seguramente los monjes no disponen de información al respecto. Solamente se consigna su antigua advocación (San Martín o San Miguel). Pero en Montes hay un conocimiento mucho más detallado, y guiados por la tradición visigoda identifican las ruinas que encuentran los repobladores con una de las principales fundaciones fructuosianas: el monasterio Rufianense. Se quiere así recuperar, por motivos ideológicos, el pasado mítico y prestigioso del eremitismo y monasticismo del siglo VII y, de este modo, hacer realidad el proyecto político del “neogoticismo” del reino asturleonés”.
Gómez Moreno ya advirtió relaciones evidentes entre las tres fundaciones, en particular en el uso de expresiones equivalente como “brevi opere”, “miro opera a fundamine... erigitur”, “non oppresioni vulgo sed... fratrum instante vigilantia”, etc. Para el erudito granadino estás concordancias venían a confirmar sus teorías sobre el gran peso de lo “mozárabe” en el arte hispano altomedieval, sospechando si también andarían en la reconstrucción de San Pedro de Montes andaluces . A estos tres ejemplos habría que añadir el epígrafe del monasterio de San Salvador de Tábara, donde nuevamente encontramos expresiones equivalentes como: “non copia rerum fretus sed divino ubamine” .
En cualquier caso, esta parte del relato de nuestra inscripción se contradice con los primeros documentos del “Tumbo de San Pedro de Montes”. En ellos se otorga un gran protagonismo al obispo astorgano Ranulfo en la fundación o restauración del monasterio. Estos textos ofrecen algunas dudas sobre su cronología y autenticidad, pero como ya advirtió Mercedes Durany Castrillo, en ellos es Ranulfo quien entrega a los monjes los terrenos anexos de la nueva fundación, y ordena a Genadio abad de la comunidad monástica .
Uno de estos documentos está datado precisamente en el año 895, y en él el obispo astorgano dona a la comunidad de Montes la iglesia y concede unos términos que delimita: “Yo Ranulfo, obispo indigno, ... traté de edificar en honor de vuestra gloria, mi señor San Pedro, un monasterio de monjes [...] concedo y doy a San Pedro, la misma iglesia ya mencionada con todas sus inmediaciones la cual está dentro del término del Bierzo, junto al río Oza, entre los montes que llaman Aquilana, Rufiana y Peñalba” .

4. Renovación, desde los cimientos, por Genadio después de haber sido nombrado obispo.
“Pontifex effectus a fundamentis mirifice ut cernitur denuo erexit non oppressione vulgi sed largitate pretii et sudore fratrum huis. monasterii”.

La quinta y sexta líneas de la inscripción se detienen ahora en la construcción de un nuevo templo "a fundamentis", una obra de envergadura objeto de la admiración de los visitantes. Esta empresa habría sido acometida por Genadio tras ser nombrado obispo de Astorga. Este dato nos permite hacer alguna precisión cronológica, pues los biógrafos de Genadio suelen situar su episcopado entre los años 899 y 920.
Nuevamente, el contenido de esta parte del relato se asemeja a lo conocido a través del "Testamento" de Genadio: "me colocaron en la silla episcopal, donde estuve muchos años, más por obediencia al príncipe, que por propia voluntad, si bien ni aun casi corporalmente vivía allí. Poniendo toda mi solicitud y fuerzas en el dicho desierto, amplié con nuevos edificios la iglesia de San Pedro, que poco antes había restaurado, y como mejor pude la mejoré".
En ambos textos es a Genadio a quien se atribuye específicamente la construcción de la nueva iglesia. Su condición de obispo implica la inclusión del monasterio de Montes en las estructuras administrativas eclesiásticas, pero también de alguna manera en la organización política del reino asturleonés, pues no olvidemos que los reyes tenían una gran influencia en los nombramientos de los prelados, como se pone de manifiesto en época de Alfonso III con los obispos Froilán (León), Atilano (Zamora) o el propio Genadio de Astorga.. 
La expresión “a fundamentis” aplicada a la nueva iglesia, esto es, desde los cimientos, tiene un claro cometido simbólico. Se quiere remarcar la construcción de un nuevo edificio y vendría a justificar la posterior consagración del templo, ya que si se hubiera tratado de la simple reforma, ampliación o reparación de una iglesia anterior no sería procedente celebrar el rito de la consagración, pues ésta ya habría sido consagrada con anterioridad.
Nuestro epígrafe introduce a continuación una valoración estética sobre la calidad de la nueva construcción: “mirifice ut cernitur”. El comentario recuerda la descripción de la iglesia de San Tirso de Oviedo que introduce el autor de la versión “A Sebastian»”de la Crónica de Alfonso III”: “obra cuya belleza más puede admirar quien esté presente que alabarla un cronista erudito”. Para Víctor Nieto Alcaide este tipo de alabanzas contrasta con la suposición, generalmente admitida, de la estimación exclusivamente simbólica y religiosa que se ha supuesto en los hombres de la Edad Media con respecto a las obras de arte .
Sea como fuere, el “Tumbo”, elaborado en su núcleo principal en el siglo XIII, nos muestra una tradición sobre la historia del monasterio que se remonta a tiempos visigodos y que coincide en los aspectos fundamentales con el relato de la inscripción. Como ya apuntó Manuel C. Díaz y Díaz, tuvo que existir algún tipo de continuidad que explicaría la conservación en la memoria colectiva del emplazamiento y la advocación de los títulos de la iglesia. Para este autor resulta a todas luces inadmisible que por aquellos riscos desérticos y casi inaccesibles hubieran pasado, como suponen algunos, los “árabes invasores, responsables que serían del despoblamiento y posterior olvido”.

5. Consagración de la iglesia por cuatro obispos el 24 de octubre de 919.
“Consecratum. est hoc templvm ab episcopis IIIIor, Gennadio astoricense, Sabarico dvmiense, Frvnimio legionense, et Dvlcidio salamanticense, svb era nobies centena decies qvina terna et qvaterna VIIIIo kalendarurum nobembrvm”.

Esta es la parte de la inscripción que da sentido a todo el discurso anterior, pues su verdadera naturaleza es narrar la historia de las fundaciones y restauraciones de San Pedro de Montes, para consignar, por último, la consagración de la iglesia monástica. Por ello, es la parte más extensa, extendiéndose por las tres últimas líneas.
En el texto encontramos los elementos principales que identifican en época altomedieval una “consecratio”: aparición del verbo "consecrare", advocación o advocaciones del templo, mención del obispo u obispos oficiantes con la indicación de las diócesis que rigen y, por último, datación con el día, mes y año en que se lleva a cabo.
Artemio Martínez Tejera propuso la denominación de "Monumenta consecrationis" para definir aquellas inscripciones que incluyen no sólo los rasgos propios de las "consecrationes", sino también de las denominadas "monumenta", que recogen la construcción, reedificación o reforma de un edificio o de alguna de sus dependencias, generalmente de un edificio cultual. Para Vicente García Lobose trataría de “Monumenta aedificationis”, pues con motivo de un acto solemne (dedicación, consagración, restauración, etc.) se da cuenta de una serie de hitos o momentos en la historia del edificio o la institución . Posteriormente, junto con Mª Encarnación Martín López, ha propuesto una clasificación más específica de los “monumenta”, con las subcategorías de “ampliationis”, “dotationis”, “fundationis” y “restaurationis” .
En los aspectos formales, la caligrafía utilizada y sus concordancias gramaticales con otras inscripciones similares indican que su confección es contemporánea de la propia consagración, o hecha poco tiempo después.
Sobre esta cuestión Gómez Moreno defiende que “debió esculpirse a raíz de la consagración susodicha, que principalmente conmemora”. Sin embargo, algunos autores consideran el epígrafe bastante más tardío, llevándolo al siglo XI o incluso al siglo XII. Flórez es el primer autor que duda de su antigüedad, pues dice que "este monumento, aunque no sea del tiempo de San Genadio, fue puesto en su monasterio por memorias propias de la Casa, y como útil para algunas materias le reproducimos". En la misma línea se manifiesta Augusto Quintana Prieto, para quien la lápida fue erigida bastantes años después.
Los primeros editores erraron en la fecha. Tanto Morales como Yepes  dan una cronología más temprana (Era 944, año 906), basada en una mala interpretación de la forma de consignar la data. Como ocurre con otros epígrafes altomedievales la fecha se enmascara baja una fórmula retórica que puede confundir al lector contemporáneo: "sub era nobies centena, decies quina, terna, et quaterna”, esto es en la era nueve veces ciento, diez veces cinco, más tres y cuatro, era CMLVII”, año 919.
La consagración tuvo lugar en domingo, como se prescribía en la legislación de los concilios visigodos. El primer oficiante es el propio obispo de Astorga Genadio, a cuya diócesis pertenecían los territorios del Bierzo. Los otros tres obispos citados (Mondoñedo, León y Salamanca) se acomodan con la permanencia en sus sedes en la fecha consignada (el 24 de octubre de año 919).
El orden en el que aparecen estos prelados no es casual, se corresponde con la antigüedad en el disfrute de su diócesis, lo cual es un elemento que confirma la observancia de las tradiciones de la iglesia hispana y la precisión de la información contenida en la lápida. Genadio es el más antiguo, pues según los episcopologios más fiables comenzó a pontificar en el año 899. Le siguen Sabarico (900-922), Frunimio (915-928) y Dulcido (916-920). Este estricto orden protocolario ya aparece documentado en los siete obispos consagrantes de la iglesia de San Salvador de Valdediós en el año 893 .
Respecto a la cronología parece claro que debe situarse en el siglo X y descartar, por tanto, las dataciones que la llevan al siglo XI o al siglo XII. Se podría hacer algunas precisiones en función del contenido y el tratamiento de los personajes citados en texto. Varias razones llevan a pensar que la inscripción fue confeccionada en vida de Genadio.
Por una parte, hay que señalar que la inscripción quiere resaltar la impronta deja por tres personajes clave en la historia del monasterio: Fructuoso, Valerio y Genadio. Fructuoso es calificado de “insigne meritis Beatus Fructvosus”, mientras que Valerio es presentado como “non inpar meritis Valerius sanctvs”. Sin embargo, al mencionar a Genadio este carece de epítetos laudatorios y se consigna únicamente su condición de “presbítero” y posteriormente de “obispo”. A pesar de ello Genadio es, sin duda, el gran protagonista del epígrafe pues se le menciona repetidamente y se destaca su labor como restaurador del monasterio, constructor de la iglesia y obispo consagrante.
Resulta difícil de asumir que una inscripción elaborada con cierta distancia cronológica por la comunidad de San Pedro de Montes no utilizara otros calificativos para referirse a un personaje tan querido para el monasterio. Esta circunstancia solamente puede explicarse porque Genadio aún vivía en ese momento y su participación directa o indirecta en la elaboración del monumento haría improcedente el empleo de tratamientos laudatorios.
Sabemos, además, que muy poco después de la muerte de Genadio, los documentos que hablan de él ya tienen una especial consideración hacia su persona, e incluso apuntan algún tipo de devoción o culto. Así en una donación al monasterio de Santiago de Peñalba, en 937, el obispo de Astorga, Salomón, se refiere a él como “in Christo pater meus beatae memoriae dominus Jennadius”. En 960 el obispo Odoario recuerda a “nuestros antecesores de divina memoria, don Genadio, obispo por la gracia de dios y don Fortis, obispo por la gracia de Dios”. En un documento de San Pedro de Montes de 1081 se dice que el monasterio “constructum est permanedum a sanctis Patribus Fructuosis, Gennadius et Valerius”.

Conclusiones

El epígrafe de consagración de la iglesia de San Pedro de Montes plantea interesantes reflexiones sobre las fuentes literarias utilizadas en su confección, así como sobre sus fundamentos ideológicos y políticos.
Para reconstruir el pasado visigodo del monasterio, los artífices del texto se basaron principalmente en la “Vita Fructouosi” y en los escritos autobiográficos de Valerio del Bierzo. Estos relatos eran conocidos por los monjes repobladores de San Pedro de Montes antes incluso de su llegada a tierras bercianas.
Los detalles sobre la restauración y edificación del cenobio por San Genadio son en gran parte coincidentes con el documento conocido como “Testamento” del santo obispo de Astorga, datado comúnmente hacia el año 915. Esta circunstancia nos lleva a plantear las relaciones entre ambos textos, la fijación de los años del pontificado de Genadio en Astorga y la posible fecha de elaboración de la lápida
Del análisis formal del epígrafe y de su propio contenido se deduce que este debe datarse, como ya hizo Gómez Moreno, en el siglo X y, probablemente, en fechas próximas al acto central que se pretende destacar: la consagración solemne del templo por cuatro obispos en 919. En cualquier caso, la forma de presentar y calificar a Genadio, sin ningún tipo de epíteto laudatorio, apunta a que este aún vivía en el momento en el que se erigió este importante monumento epigráfico.
La “restauración” de San Pedro de Montes formó parte de todo un programa ideológico y político promovido por la monarquía en el contexto del llamado “neogoticismo” del reino asturleonés. Esta circunstancia es común a la fundación y “restauración” de otras iglesias y monasterios, y explica las similitudes formales de lápida de Montes con otros epígrafes equiparables, como los de San Miguel de Escalda, San Martín de Castañeda o San Salvador de Tábara.

Portada sur de la iglesia conventual
La lápida empotrada en el contrafuerte
Detalle de la inscripción
Dibujo de la inscripción de San Pedro de Montes según Benjamín Martínez

martes, 15 de mayo de 2012

San Arandiselo y el monasterio de Ayóo de Vidriales - Una mirada en clave berciana

Chronica Minora

El llamado "testamento" de San Genadio es un documento de gran interés para el conocimiento de la vida monástica y eremítica en el Bierzo altomedieval, y por extensión en todo el reino leonés. Procede originariamente del monasterio de San Pedro de Montes, pero hoy es solamente conocido a través de copias tardías y de las ediciones de diversos eruditos de los siglos XVI al XVIII.
El nombre de "testamento" con el que fue conocido ya desde antiguo se debe, sin duda, al empleo del término "testamentum"en varios de los pasajes del documento, pero también a que fue considerado, de alguna manera, depositario de las últimas voluntades del santo obispo astorgano en el momento de abandonar sus responsabilidades pastorales. Sin embargo, su tenor y estructura responden al de una simple carta de donación, totalmente equiparable, desde el punto de vita diplomático, a otros muchos documentos similares. Se trata en este caso de la entrega por Genadio de diversas propiedades, preseas litúrgicas y libros a varios monasterios del Valle del Silencio, pero todo ello precedido de una larga invocación y de un preámbulo con datos sumamente reveladores sobre la vida y la obra del santo.
Iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales
La versión más antigua de este diploma se ha perdido. Sabemos, por los testimonios de algunos autores, que en el citado monasterio de San Pedro de Montes se conservó durante mucho tiempo un pergamino en letra visigótica tenido por original. En el siglo XVI Ambrosio de Morales hizo referencia al mismo en su "Viage", y ofreció una primera versión romanceada: "El obispo San Genadio hizo después un testamento, el qual tienen original con la firma del mismo santo, y yo lo llevo trasladado en romance". Años más tarde Sandoval se ocupó de nuevo del documento, y publicó una doble versión en latín y romance: "Tiene oy día el monesterio de Montes la escritura original que el santo otorgó y confirmó de su nombre, que es una señalada reliquia, y notable antigualla, en la qual se descubre el zelo deste santo. Escriturose en latín y letra gótica, conforme a lo que entonces se usava". 
Sobre la fecha de redacción existen importantes discrepancias, derivadas todas ellas de la deficiente trasmisión del escatocolo: 905, 915, 919 y 920. De lo que no hay duda, pues se consigna expresamente en el propio diploma, es de que se hizo durante el pontificado de Genadio en Astorga (909-919) y el reinado de Ordoño II (914-924). Por tanto su cronología podría acotarse entre los años 914-919, y tal vez se pudiera precisar más si intentamos concretar la identidad de los dos obispos confirmantes, Hermigio y Diego. En principio, podría tratarse de Hermigio, obispo de Tuy documentado entre 915 y 926 y Diego, obispo de Coimbra, citado entre 913 y 922.
El “testamento” de San Genadio ofrece multitud de perspectivas sugerentes para su estudio, y ha sido objeto de todo tipo de análisis y comentarios. En esta ocasión nos detendremos en glosar el breve pasaje relacionado con el monasterio de Ageo. Su localización en el actual municipio de Ayóo de Vidriales no ofrece ninguna dificultad. Sobre ello son numerosas las evidencias documentales, apoyadas por algunos restos arqueológicos. Todo ello ha contribuido a documentar uno de los cenobios más antiguos del norte de Zamora. 
Después de una larga invocación, el obispo Genadio hace una recapitulación de su vida anterior y recuerda, en primera persona, sus vivencias “in Ageo monasterio”. Aquí existía una floreciente comunidad bajo la obediencia del abad Arandiselo, entonces ya anciano. El párrafo no proporciona detalles sobre las características de esta fundación. Podemos suponer que su biblioteca contaría con las obras de San Valerio, con la "Vita Fructosi", y otros textos atribuidos a su persona como la "Regula Communis". Es, probablemente, a través de  la lectura de estos relatos hagiográficos como los monjes de Ageo conocen la tradición eremítica y cenobítica de las montañas del Bierzo, y proyectan la restauración del monasterio de San Pedro de Montes, fundado por San Fructuoso en el siglo VII. 
El entonces monje Genadio parece gozar en Ageo de un cierto liderazgo, pues es él quien, junto con otros doce hermanos, y con la bendición del abad, encabeza la expedición a tierras bercianas. Allí se encuentran con un antiguo asentamiento en ruinas y cubierto por la maleza, que los colonos deben recuperar para la vida monástica y poner en explotación. En el “testamentum” se presenta a Genadio como auténtico protagonista de esta iniciativa repobladora, dejando en un segundo plano la responsabilidad del anciano abad Arandiselo y de toda la comunidad. Tampoco se menciona al obispo astorgano Ranulfo, muy involucrado en este proyecto según los primeros documentos del “Tumbo de San Pedro de Montes”, o al monarca Alfonso III. El párrafo en cuestión, según la versión de Flórez, es el siguiente:

"Cumque adhuc sub patre apostolico abbate meo Arandiselo, in Ageo monasterio degerem, vitam eremitarum delectatus cum duodenis fratribus, et benedictione supradictis scilicet, ad Sanctum Petrum, ad sanctum eremum perrexi, qui locus positus a beato Fructuoso et institutus; postquem Sanctus Valerius eum obtinuit; quantae autem vitae sanctitatis fuerint”.
Portada occidental de la iglesia del monasterio de San Pedro de Montes
Algunos de estos pormenores se pueden confirmar a través de la lectura del epígrafe de restauración y consagración de San Pedro de Montes, todavía hoy conservado en el muro meridional de la iglesia, junto a la portada románica del claustro, y fechado en 919. En él se precisa que Genadio tenía la condición de presbítero cuando acudió, en compañía de esos doce hermanos, a reconstruir las ruinas del monasterio, y que tal hecho habría ocurrido en el año 895: “NOBISSIME GENNADIUS PRESBITER CUM XII FRATRIBUS RESTAURABIT, ERA DCCCCXXXIII”. No obstante, en el “Tumbo de San Pedro de Montes” existen varios documentos referentes a estos momentos fundacionales fechados con anterioridad, concretamente en el 892. Por tanto, debieron existir algunas iniciativas anteriores, y es esta fecha: el año 892, la que debe ser tomada como “terminus ante quem” para fijar la salida de Genadio del monasterio del Valle de Vidriales.
No contamos con muchos más detalles sobre la figura del abad Arandiselo. Su personalidad se diluye en la leyenda y la hagiografía. Fue objeto de algún tipo de culto, no bien conocido, en la diócesis de Astorga. Según Augusto Quintana Prieto en los monasterios de San Pedro de Montes, Santiago de Peñalba y San Andrés de la Cisterna se conmemoraba su fiesta. De él existe alguna curiosa imagen, ya tardía, en la que aparece representado como abad. Su nombre, inusual en la onomástica de la época, no vuelve a aparecer en la documentación leonesa en fechas anteriores o posteriores. En el "Calendario de santos que pertenecen a la Iglesia de España, desde que fue establecida por los apóstoles hasta el presente : con arreglo a las fiesta de la Iglesia Catedral de Burgos", obra publicada en 1841 por José María de la Fuente, leemos en la festividad correspondiente al 15 de enero: "En Ageo, diócesis de Astorga antiguo monasterio, el santo abad Arandiselo, maestro de San Genadio y otros santos de su orden monástico, año de 901".
Nuestro Arandiselo podría identificarse con cierto abad Arandisclo, mencionado en un epígrafe altomedieval existente en la actualidad en la iglesia de Santa María de Tábara. Se trata de un tablero alargado de 77 x 25cm, a todas luces incompleto. Conserva sus bordes en tres de su lados, pero el campo epigráfico se interrumpe por rotura en su sector derecho. La pieza original debía ser, por tanto, bastante más alargada, tal vez en la línea de la inscripción de San Adriano de Boñar. La grafía es de elegantes capitales visigótico-mozárabes, mediando rayas pareadas entre las líneas de escritura. Principia con una cruz patada con disco central y ápices cóncavos, similar a la Cruz de Peñalba, pero más esquematizada. Su lectura es la siguiente:

+ OB ONOREM ET SALVATOREM DNI IHU XRI [...]
LICET INMERITO ABBA HIC EGO ARANDISCLO [...]
NON COPIA RERUM FRETUS SED DIVINO IUBAMI [NE ...]

Epígrafe de Arandisclo en la iglesia de Santa María de Tábara
En su estado actual de conservación es difícil precisar la naturaleza de esta inscripción: ¿dedicación?,¿fundación?, ¿edificación?, ¿restauración?, ¿consagración? En la parte perdida debía constar la fecha, y seguramente algún dato significativo sobre la finalidad del acto conmemorado. Lo único claro es la dedicación de un templo al Salvador en el que el abad Arandisclo tiene un destacado papel, tal vez como fundador o restaurador.
A diferencia de otros epígrafes relacionados con el nuestro, como los de San Miguel de Escalada, San Pedro de Montes o San Martín de Castañeda, el texto está redactado en primera persona. Este detalle dota de mayor solvencia a su contenido y sugiere una concordancia cronológica entre entre la actuación de Arandisclo en Tábara y el objeto de la inscripción.
En la segunda línea, tras el nombre del abad, se incluiría una forma verbal: FUNDAVI, RESTAURAVI, AEDIFICAVI, etc., seguida o precedida de alguna expresión del orden: “HOC TEMPLVM”, “HOC MONASTERIVM”, o “HAC AVLA”. Esto daría sentido a la tercera línea, una expresión arquetípica equiparable a otras de carácter epigráfico o documental: “cum Dei iuuamine, restauraui eam, siue et kasas quas ibidem construxi”, se lee en una escritura leonesa de 904 a propósito de la restauración de una iglesia.
La presencia aquí de este abad Arandisclo lejos de despejar dudas sobre la trayectoria de nuestro abad del Valle de Vidirales abre nuevas incógnitas. La palabra "HIC" precedida de "ABBA" no necesariamente debe hacer a Arandisclo abad en Tábara. Son varios los ejemplos conocidos en los que uno a varios abades de procedencia diversa, incluso de Al-Andalus, fundan o restauran monasterios. Porque si nuestro abad fue fundador o restaurador en Tábara esto no concuerda con otras versiones más o menos contemporáneas. La cronología casa, pero no los protagonistas.
Según el testimonio de la “Vita Froilanis” el monasterio de San Salvador de Tábara había sido “edificado” por San Froilán, probablemente a finales del siglo X, antes desde luego de ser obispo de León (900-905). En esta labor contó con la ayuda de San Atilano y el patrocinio de Alfonso III. Esta misma fuente nos informa que el cenobio congregaba a una floreciente comunidad dúplice, formaba por seiscientos monjes de ambos sexos. "Aedificavit Taborense cenobium ubi congregavit utrarumque sexum centies servi animas Donimo servientium". En la segunda mitad del siglo X hubo en las dependencias monásticas un célebre scriptorium donde se copió e iluminó el famoso Beato del Archivo Histórico Nacional, comenzado por el pintor-calígrafo Magius y terminado en 968 por su discípulo Emeterius.
Como ya se señaló más arriba no contamos con más datos sobre el abad Arandiselo, ni tampoco sobre los orígenes de su recóndito monasterio del Valle de Vidriales. Desde que Astorga fue repoblada de una manera definitiva hacia 854, en época de Ordoño I, e integrada en los organigramas de la monarquía astur, debió crearse una circunscripción basada en la tradición romano-visigoda y en la administración eclesiástica. Con Alfonso III (866-910), después de la batalla de Polvoraria de 878, los valles de Benavente se incorporan al registro escrito, primero con alguna puntual mención en las crónicas asturianas y, más tarde, con alusiones más directas en los diplomas.

En consonancia con lo que se ha venido en llamar neogoticismo astur, en la vieja sede asturicense se restaura el obispado y se restablece una autoridad política, delegada del poder regio, cuyos pioneros son las figuras del obispo Indisclo y del conde Gatón, venido del Bierzo junto con un grupo de pobladores. La repoblación de Astorga supuso la recuperación de los terrirorios del viejo obispado, donde además de las labores de colonización agraria se fundan o restauran iglesias y monasterios. Como se consigna en un diploma de 878 una parte de estos pobladores procedía del Bierzo. No deja de ser significativo que los dos núcleos más próximos a Ayóo tengan topónimos evocadores de la geografía berciana: "Congosta" y "Carracedo", así como los próximos "Bercianos de Vidriales" y "Bercianos de Valverde". Arandiselo y su primigenia comunidad de Ageo pudieron haber llegado a estas tierras del Valle de Vidriales en los últimos decenios del siglo IX procedentes también del Bierzo. Ello explicaría su interés por devolver a la vida San Pedro Montes.
Además si aceptamos que Arandiselo fue un representante del prototipo de "hombre santo", fundador o promotor de monasterios (Ageo, Tábara, y tal vez otros), su discípulo Genadio no habría hecho otra cosas que proseguir en el Bierzo la labor de su maestro. Arandiselo sería un patriarca, una persona que por su edad y sabiduría ejercía una autoridad en la colectividad. Sería el continuador de una forma de espiritualidad que desde los tiempos de San Fructuoso combinaba la vida eremítica y cenobítica.
El monasterio de Ageo vuelver a citarse en varias ocasiones durante los siglo X al XII. Un “Baldemarus, abba Agogi” confirma, junto con otros abades un diploma del monasterio de Santiago de Peñalba de 940. En 1015 se mencionan a los “frayles de Ayó” en una carta astorgana. En 1018 se dona una villa junto a Castrogonzalo al “monasterio de Ayou”. En 1057 la infanta doña Elvira, hija del rey Bermudo II, tiene un vaso de plata de veinte sueldos y una mula de sesenta del monasterio y entrega en compensación a dicho cenobio la villa de Granucillo, en Vidriales. Este carta tiene el interés adicional de proporcionar por primera vez la advocación principal del monasterio, al menos a mediados del siglo XI: San Fructuoso. El dato confirma la particular devoción hacia el patriarca del monacato berciano y explica el sentido de la restauración de San Pedro de Montes: "et damus et concedimus eam ad aulam Sancti Fructosi ab omni integritate".
En la iglesia parroquial de Ayóo se conservan al parecer dos imágenes de San Fructuoso. Una de bulto redondo está en un pequeño retablo del siglo XVII y otra, más dudosa, en una de las tablas de otro retablo barroco. Aquí se presenta a un personaje con casulla, báculo y una mitra de obispo a los pies. Igualmente se ha conservado el topónimo "Huertas de San Fructuoso" en un paraje de la parte baja del pueblo. (Agradezco a Isabel Riesco, del blog Avantales, la información proporcionada sobre la localidad).
En 1154 Alfonso VII entrega al abad don Suero el monasterio de Ageo, en Vidriales, con el coto que tenía en época de Fernando I, Alfonso VII, la infanta Urraca y la infanta Elvira, para que establezca allí un convento bajo la orden de San Benito. En 1156 este mismo Suero, siendo ya obispo de Coria, dona a Pedro Pérez, monje y diácono, el monasterio de Ageo que había recibido de Alfonso VII con la condición de establecer una comunidad bajo la regla de San Benito.

Debió ser en esta época cuando el monasterio se convirtió en uno de los prioratos del monasterio de San Martín de Castañeda, pues así se consigna en su Libro Becerro o Tumbo del siglo XVIII. Pero en algún momento esta posesión, junto con Ribadelago, pasaron a la orden del Temple, lo que daría lugar a una demanda ante el Papa hacia 1182. De nuevo del "Tumbo de Castañeda" nos ilustra sobre este particular: “Por los años de 1182 el Papa Luzio tercero mandó a los Caballeros templarios buelban a este monasterio el lugar de Rivadelago y el de Ayó en Val de Bedriales que tenían tomados, y si no lo hiziesen comparezacan en juizio ante el obispo de Zamora, o de Astorga, o arzediano de León. Está sellado este instrumento con sello de plomo pendiente de un cordón de hilo, y en su cajón número 58. Empieza Luçius episcopus, etc,” .
Los monjes de Castañeda consegurían recuperar Ribadelago, pero no debió ocurrir lo mismo con Ageo. Todo apunta a que los caballeros del Temple retuvieron este lugar como una de sus posesiones más destacadas en tierras zamoranas, junto con otras como Mombuey, Tábara y Alcañices. Con la disolución de la Orden, todas ellas pasaron al patrimonio de la Corona. En la segunda mitad del siglo XIV todos estos bienes se van a ver afectados por el proceso de señorialización. En 1371 Enrique II concedía a Gómez Pérez de Valderrábano, su vasallo, casado con Juana López Cifuentes, “por muchos serviçios e bonos que nos avedes fecho e fazedes cada día, damos vos por juro de heredad para vos e para vuestros fijos e para todos aquellos que de vos venieren: Mombuey, e Alcañyzas, e Távara, e Ayo”.
De la ubicación del antiguo monasterio de Ageo no se conserva memoria en la localidad de Ayó de Vidriales. Tal vez puedan pertenecerle dos columnas de mármol, con sus correspondientes basas, fustes y capiteles, existente hoy en día en el Museo de los Caminos de Astorga.
Gómez Moreno alcanzó a ver hacia 1903 las dos columnas reaprovechadas como soporte del portal de la iglesia. En los años posteriores debió desmontarse esta estructura con ocasión de alguna reforma, de modo que las dos columnas se convirtieron en escombros acumulados junto al templo. Según comentan hoy algunos vecinos “estaban tiradas por el suelo y servían para que pasaran mejor los carros".
En 1965 Augusto Quintana Prieto, en una visita al Valle de Vidriales, se encontró con estas piezas descabaladas y con uno de los fustes cercenado: "Una de las columnas ya no estaba entera, sino que resultaba de inferior altura que su compañera. Aún si eran piezas muy estimables, que el sacerdote se mostraba dispuesto a enajenar, por lo cual, sin la menor dificultad, me las traje para Astorga". Fueron instaladas y expuestas en el Museo de los Caminos, en los sótanos del Palacio de Gaudí, que por entonces comenzaba a iniciar su andadura.
Son dos columnas de modestas proporciones en comparación con otros ejemplos conocidos en edificios altomedievales en pie. Su longitud total, incluyendo basa, fuste y capitel, no sobrepasaría los 2,70 metros. Los capiteles, de 33 cm. de alto,  fueron trabajados en mármol blanco con vetas grisáceas. Debido al efecto de la intemperie su tonalidad se ha oscurecido y presentan huellas evidentes de desgaste, así como faltas y roturas en todo su perímetro.
Ayóo de Vidriales, basas de columnas en su iglesia. Según Gómez Moreno

Las dos piezas están inspiradas en el modelo de capitel corintio clásico, con su cesta distribuida en dos filas o pisos de hojas de acanto. El inferior presenta todos los acantos en un mismo nivel, mientras que en el superior se posicionan variando ligeramente su altura. Las hojas, de lóbulos rotundos y bien contorneados, doblan sus extremos hacia afuera en varios pliegues. El collarino, de unos 3 cm. de altura, está recorrido en ambos casos por una labor de sogueado, si bien en unos de ellos el desgaste la hace casi inapreciable.
Ambos capiteles presentan hechuras y técnicas muy similares, tal vez indicio de su pertenencia a una misma mano o a una misma iniciativa edilicia. Sus principales diferencias vienen definidas por el tratamiento del ábaco y algunos detalles decorativos. Mientras que en el primero se remata el ábaco mediante doble soguedado, en el segundo se hace a través de una retícula biselada romboidal, asemejando estrellas. En aquél las hojas de los cuatro extremos se orlan de caulículos retorcidos rematados en pequeñas bolas o volutas, mientras que éste carece de ellos. Huellas de los orificios del trépano son visibles tanto en los collarinos como las digitaciones de los acantos. El dado central del ábaco está rematado en palmetas en uno, y en una  forma vegetal estilizada en el otro.
Las basas de estas piezas llamaron la atención de Gómez Morerno por su amplio desarrollo, hasta el punto de insertar un doble boceto de las mismas en sus "Iglesias Mozárabes". Son piezas de 36 cm. de altura, una de ellas acampanada y la otra cilíndrica. Destacan por su notable altura y la barroca alternancia de molduras.
En la iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales, se exhumaron en 1995 los restos de una edificación anterior que tal vez pudiera remontarse a la época del monasterio. Con ocasión de una intervención arqueológica se documentaron los cimientos de una posible habitación, de la que tan sólo se pudo analizar su ángulo suroccidental exterior, pues sobre ella se apoya la cabecera y muro septentrional de la nave del edificio actual.
Fragmento de celosía de Ayóo de Vidriales según Hortensia Larren
Según el informe de Hortensia Larren los cimientos estaban construídos con grandes sillares de 50 x 70 y 57 x 70 cm unidos con argamasa de cal, y con cara al exterior, observándose un total de la estructura de 0,95 x 2,00 m. Además se recuperó una ventana-celosía, muy fragmentada, con decoración labrada en una de sus caras. De diseño rectangular, los restos conservados corresponderían a su mitad derecha, partida, a su vez, en dos fragmentos.
La pieza, de 74x 34 cm en lo conservado, está enmarcada por una moldura de 5cm. de grosor y presenta una decoración calada a base pétalos u hojas de una probable forma vegetal, en la parte superior, y de retícula incisa y pequeños cuadrados también calados en la parte inferior.

lunes, 12 de marzo de 2012

El privilegio de Chindasvinto al monasterio de Compludo - Tras las huellas de un falsario erudito



El fondo documental de la Catedral de Astorga ofrece como una de sus piezas más singulares un diploma fechado en el año 646 referente al monasterio de Compludo. Se trata de la famosa donación del rey visigodo Chindasvinto, y su esposa Reciberga, a San Fructuoso, y a través de él al citado cenobio berciano, de diversas heredades, libros y preseas litúrgicas.
La desaparición prácticamente total del fondo de pergaminos de la catedral de Astorga durante la Guerra de la Independencia, así como del conocido como “Tumbo Negro”, nos ha privado de las versiones más antiguas de este documento. No obstante, su tenor es bien conocido a través de diversas copias, ediciones y de las referencias de autores de los siglos XVI al XVIII.
Dada la antigüedad atribuida al texto y la relevancia de los personajes intervinientes, fue objeto de la atención de eruditos e historiadores de todas las épocas. Además, el texto fue considerado durante mucho tiempo el primer documento conservado de la monarquía hispana y por tanto tenido por uno de los testimonios más importantes de la diplomática altomedieval.
A pesar de haber sido editado en numerosas ocasiones el documento carece aún de un estudio pormenorizado. La razón de ello es evidente: ha sido desahuciado repetidamente por falso por la mayoría de críticos y editores contemporáneos. Sin embargo, al margen de la cuestión de su autenticidad, el diploma constituye una fuente de gran interés histórico y diplomático, y ofrece otras muchas perspectivas dignas de estudio. En este trabajo no centraremos en analizar las circunstancias que rodearon su fabricación y toda la parafernalia desplegada para hacerlo verosímil.
Ambrosio de Morales es uno de los primeros autores que se ocuparon de nuestro documento. Con ocasión de su “Viage” visitó el monasterio berciano de San Pedro de Montes en 1572. En su relato sobre el cenobio incluyó una breve reseña sobre Compludo. Aunque no llega a editar el texto proporciona algunas de las primeras claves para acercarnos a la tradición manuscrita:

“Compludo. Lugar pequeño en el Vierzo, cerca de Molina seca. Su Iglesia mayor fue antiguamente Monesterio de Monges Benitos con la advocación de S. Justo y Pastor. Fundólo San Fructuoso, pariente de los Reyes Godos, en tiempo del Rey Cindasvindo, y el Rey acrecentó mucho, y el Rey Don Ramiro Segundo después de la destruición de España lo confirmó. Todo parece en el privilegio deste Rey D. Ramiro, donde está inserto el otro primero del Rey Cindasvinto: Agora no es Abadía de Monges, sino Dignidad de la Iglesia en Astorga, sin que se entienda cómo ni quando se pasó allí”.

La primera edición de la que tenemos noticia es la Prudencio de Sandoval en su Primera parte de las fundaciones de los monasterios del glorioso Padre San Benito, que los Reyes de España fundaron y dotaron. El texto no ofrece variantes reseñables con respecto a lo conocido por otros autores, pero ofrece algunos detalles sobre el origen de la copia por él manejada:

“Cuya obra confirma el Rey Cindasuinto, con su muger la Reyna Reciberga, y añaden algunos bienes y dieron dello su carta y priuilegio Real, cuyo tanto tiene la Iglesia de Astorga en el libro donde estan recopilados todos sus priuilegios, de donde saque yo; y por ser la escritura más antigua que tiene España, y por encarecer en ella la virtud y sangre Real deste Santo monge, la pondre quando escriuiere su vida [...] Acrecentó esta obra el Rey Cindasvinto, como parece por su antiquisimo priuilegio, cuyo tanto tiene la ciudad de Astorga en su Iglesia. Y otro inserto en una confirmación que del hizo el Rey don Ramiro el III, que por ser la escritura mas antigua que se halla, y dezirnos en ella quien era S. Fructuoso, y ver el pecho y devoción del Santo Rey Cindasuinto, pondre en fin desta vida una copia del, fielmente sacada”. Fol. 11v F. 15r.. Se copia en 16v-17v.

De todo lo dicho hasta ahora podemos sacar algunas conclusiones. Por una parte que, al menos desde el siglo XVI, la única versión conocida del diploma  era la copia incorporada en el Tumbo Negro de la Catedral de Astorga. En segundo lugar que el texto se presentaba inserto en una confirmación posterior de un monarca que para Sandoval es Ramiro III, pero todo apunta a que en realidad es, como veremos, Ramiro II.
El llamado “Tumbo Negro de Astorga” era un códice confeccionado durante los siglos XII-XIII para recopilar las escrituras de la catedral. Desapareció, como hemos dicho, durante la Guerra de la Independencia, pero es posible reconstruir se estructura y contenidos a través de un manuscrito del siglo XVII, hoy conservado en la Biblioteca Nacional con la signatura Ms. 4.357. Este último manuscrito no copia el contenido íntegro de los documentos, sino extractos, pero para el caso que nos ocupa resulta muy útil, pues permite conocer cómo figuraba la copia del privilegio de Chindasvinto.
El extracto comienza de la siguiente manera: "Privilegio i donación que hizo el rey Don Chindasvindo, y su esposa doña Reciverga en fabor del monasterio de San Justo y Pastor de Compludo, cerca del río de Molina debajo del Monte Yrago en los confines del Vierzo, y de su abad Fructuoso a quien trata de santo y repite ser fundación de sus propias manos edificado, y dotado de propios vienes de Fructuoso, y proceder este de R. prosapia ..”. El extracto resume a continuación el contenido de la donación y da, por último, detalles sobre la data, el folio y el número de orden dentro del Tumbo Negro: “Fecha 15 kalendas novembris era CDLXXXIIII que corresponde a 18 de octubre, año de 646. Siendo obispo de Astorga don Candidato que también firmó en dicho instrumento con otras muchas personas. Fol. 82, nº 279".
Como vemos no hay ninguna alusión al privilegio de Ramiro II. Pero el documento está precedido de un privilegio de Ramiro II al monasterio de Santa María de Tabladillo, debajo del monte Irago, en el que se hace alusión a un concilio celebrado en 946 por consejo del obispo Salomón. Antecede además a tres cartas relativas a Compludo de 933, 992 y 1072.
Nuestro diploma de Chindasvinto no resiste la más benevolente de las críticas diplomáticas. Todo su tenor, desde principio a fin, es absolutamente apócrifo, sin que podamos  ni siquiera vislumbrar algún resquicio para suponer la existencia de un diploma original de época visigoda en el que pudiera haberse inspirado su creador. Pero a pesar de su evidente falsedad hay que reconocer un meticuloso y concienzudo trabajo de elaboración, en el que no faltan incluso algunas soluciones ingeniosas, todo ello para presentar un contenido al menos verosímil. Fueron varias las fuentes utilizadas por nuestro falsario para componer su obra, algunas de las cuales podemos identificar de forma feaciente.
La primera dificultad la encontramos en la identificación de los supuestos protagonistas del documento: “Ego Chindasvintus rex et Reciberga regina”. A pesar de existir una tradición secular que asocia a Chindasvinto con la reina Reciberga, basada fundamentalmente en el texto del epitafio de esta última, la moderna historiografía hace a Reciberga esposa real del hijo y sucesor de Chindasvinto: Recesvinto. Esta identificación es defendida, entre otros, por José Orlandis en su "Historia del Reino Visigodo Español".
Entrando ya en el preámbulo del documento, nos topamos con algunos datos biográficos sobre San Fructuoso y la fundación del monasterio de Compludo.

“... edificatum per tu as beatas manus sanctissime Fructuose abbas pro confessione monachorum et quambis satis cum amplifice ditasti beate Fructuose abbas regali pro sapia ex arte ipsum locum supranominatum tuis satis magnis hereditatibus nostra lamen regalis auctoritas non decet abesse. Scimus enim ipsum monasterium supranominatum Domine Complutum in onorem sanctorum Martirum Iusti et Pastoris in tuo patrimonio et tila hereditate atemitipso esse fundatum et amplifice tuis patrimoniis ditatum”.

Este pasaje es en realidad una reproducción más o menos parafraseada del párrafo de la “Vita Fructuosi” en el que se narra el origen familiar del santo y los inicios de la vida monacal en Compludo.

domingo, 26 de febrero de 2012

"In finibus Gallecie" - Suevos y visigodos en el norte de Zamora

El norte zamorano no se encuentra entre las regiones peninsulares con una relevante y contrastada presencia germánica. No obstante, tanto las fuentes escritas como determinados testimonios arqueológicos y artísticos permiten conocer, a grandes rasgos, la trayectoria seguida por nuestro territorio bajo el domino de los dos principales pueblos germánicos asentados en él tras su entrada en la Península a partir del año 409: suevos y visigodos.
El establecimiento del pueblo suevo en el noroeste peninsular tuvo lugar como consecuencia de un pacto de federación suscrito entre los primeros pueblos invasores -vándalos, suevos y alanos- y el poder imperial romano. De esta forma, en 411 suevos y vándalos asdingos se repartieron por sorteo, según los testimonios de Idacio y Orosio, la Gallaecia. Este territorio debe identificarse con la provincia romana bajoimperial surgida tras la reorganización administrativa de Diocleciano, y por tanto incluiría, además de Galicia, Asturias, Cantabria, el norte de Portugal hasta el Duero y un sector no depreciable de la Meseta del Duero. Todavía en varios documentos de Sahagún de los siglos X y XI se dice del río Cea que se encuentra in finibus Gallaeciae.. El asentamiento de los vándalos en la Península resultó a la postre efímero pues, tras diversos avatares, en 429 pasaron al norte de África para crear su propio estado.

Capitel del Sacrificio de Isaac. Iglesia de San Pedro de la Nave [Foto Rafael González]
Así pues, el dominio suevo correspondió sobre una gran parte del territorio zamorano, circunstancia que por sí sola explicaría la casi total ausencia de testimonios visigodos en la provincia hasta el siglo VII. Los restos artísticos y arqueológicos pertenecientes a la cultura visigoda serían posteriores a la desaparición del reino suevo como entidad política y la incorporación de su ámbito geográfico a la monarquía goda. Quedan, sin embargo, aún múltiples interrogantes sobre el posible principal testimonio del pasado visigodo de la provincia: la iglesia de San Pedro de la Nave. A pesar de que en un principio Gómez Moreno consideró el templo como visigodo, fechándolo a finales del siglo VII, en la actualidad las opiniones están divididas, no faltando autorizadas interpretaciones que sitúan su construcción en momentos posteriores. También en el siglo VII se vienen fechando las cruces de oro y demás objetos litúrgicos integrantes del tesorillo hallado en 1921 en Villafáfila, hoy en el Museo Provincial de Zamora.
No conocemos, en cambio, el papel que pudieron jugar en estos momentos iniciales de la ocupación germánica los campamentos romanos mencionados en la Notitia Dignitatum, en particular las tropas limitanei asentadas en Paetonio (Rosinos de Vidriales). Barbero y Vigil sostuvieron, en una interpretación que hizo fortuna, la existencia de un limes o frontera fortificada formada por diversos campamentos en la Submeseta Norte, desde Galicia a Vasconia, entre ellos el de Petavonium, cuyo objetivo principal sería el control de astures, cántabros y vascones, pueblos indígenas nunca plenamente romanizados que retomarían su tradicional espíritu belicoso aprovechando el resquebrajamiento de poder imperial entre finales del siglo IV y principios del siglo V. Sin embargo, en la actualidad esta teoría no goza de demasiados adeptos, prefiriéndose relacionar la presencia de estas unidades militares con las explotaciones mineras del noroeste de la Península, la defensa y control de las principales vías de comunicación, y posteriormente, tras los acontecimientos de comienzos del siglo V, con las migraciones de los pueblos germánicos que dieron origen a la formación del Reino Suevo.
En general las fuentes coetáneas son obstinadamente parcas en noticias y en no pocas ocasiones confusas y contradictorias. Desconocemos casi por completo aspectos esenciales como las características del asentamiento suevo, su peso cuantitativo y cualitativo en el contexto de la población hispanorromana y, lo más importante para la cuestión que nos ocupa, los posibles cambios experimentados en las estructuras del poblamiento tardorromano. En cualquier caso, el mencionado reparto de territorios entre los diferentes pueblos invasores no haría otra cosa que poner de manifiesto el vacío de poder político y militar existente en buena parte del noroeste peninsular. Pablo de la Cruz Díaz Martínez sostiene, apoyándose en la Crónica de Idacio y en la constatación arqueológica a partir de ejemplos del Conventus Bracarense como Fiäes, Faria, Sanfins, Lanhoso y otros, que buena parte de los castros siguieron ocupados en este momento, incluso con una renovación apreciable de su actividad. Estos castella serían entidades de población fortificadas de carácter menor -en comparación con las civitates- que perviven desde época prerromana o se reutilizan ante el clima de inestabilidad reinante. En un expresivo pasaje de la Crónica de Idacio se alude a los castela tutioria que debieron desempeñar un papel relevante en la resistencia presentada por los habitantes de la Gallaecia a la dominación sueva, y más tarde en los enfrentamientos entre suevos y visigodos.
Iglesia de San Pedro de la Nave [Foto Rafael González]
A falta de nuevos datos que pueda proporcionar la arqueología para nuestro territorio podríamos aventurar la correspondencia de algunos de estos castra o castela con enclaves de los que tenemos información a través de fuentes como el Parroquial Suevo, el registro de las cecas visigodas y determinados restos constructivos y arqueológicos hallados en el entorno de estos lugares.
El Parrochiale Suevum o Divisio Theodomiri es un interesante documento que nos informa sobre el estado de la organización eclesiástica de Gallaecia a finales del siglo VI. Se trata de una lista detallada de las diócesis del reino suevo, dependientes de la sede metropolitana de Braga, y a las que el rey Teodomiro (559-569) asigna sus parroquias correspondientes. No obstante, las transmisión documental del texto también nos presenta esta división como atribuida a una reunión de obispos celebrada en Lugo en 569, por lo que también es frecuente referirse a esta fuente como Concilio de Lugo. A la luz de los datos que arroja sobre el mapa de las trece diócesis del reino suevo, se puede fijar su composición entre 572 y 589, o más probablemente entre 572 y 582. Por tanto, en su actual redacción sería posterior al reinado de Teodomiro, fallecido en el 569, y se adentraría en la época del rey Mirón (570-583).
Normalmente se admite que el contenido del Parroquial fue parcialmente interpolado, muy probablemente a lo largo de los siglos XI y XII con motivo de las disputas surgidas entre varias diócesis gallegas y portuguesas. Una de las alteraciones más evidentes es el pasaje en el que se intenta equiparar a Lugo con Braga, en cuanto a su condición de sede metropolitana, cuando en realidad se trataba de una única metrópoli: Braga, con dos centros administrativos: Braga y Lugo. Sin embargo, Demetrio Mansilla Reoyo, autor del más reciente y completo estudio sobre este documento, considera que su contenido "responde perfectamente y en sustancia a los hechos históricos y geográficos de la época sueva". Buena prueba de ello es la identificación de varios topónimos con cecas suevas y visigodas. Sea como fuere, las posibles interpolaciones no afectarían al contenido sustancial del documento.
Con toda probabilidad esta administración eclesiástica fue establecida sobre realidades sociológicas preexistentes. Por ello se mantienen topónimos de raigambre prerromana: Senabria, Bergido, Senimure, y un buen número de parroquias deben ser entendidos como gentilicios, y de hecho varios de estos grupos indígenas pueden ser identificados sin dificultad en las fuentes romanas altoimperiales. La presencia de estas unidades administrativas con el nombre de un grupo gentilicio apunta a la permanencia de determinados aspectos de las estructuras indígenas en los años más avanzados de la tardorromanidad. A diferencia de los límites diocesanos de época plenomedieval, mucho más precisos y basados, en general, en accidentes geográficos reconocibles, la Divisio Theodomiri fija las circunscripciones sobre las parroquias, que a su vez serían centros de irradiación evangélica hacia las poblaciones limítrofes. El texto recoge un total de trece sedes dependientes de la metrópoli de Braga. Dos de ellas, Orense y Astorga, incluyen parroquias que afectan de una forma u otra al territorio del norte zamorano.
Retrato del rey Sisebuto
Dentro de la sede orensana se mencionan dos parroquias que se suelen relacionar con poblaciones sanabresas: Senabria y Calapacios majores. La identificación de Senabria con Sanabria no parece ofrecer dificultades, otra cosa es determinar si nos encontramos ante el nombre genérico de un territorio o ante un núcleo concreto de población. Como ya apuntó Gómez Moreno, el privilegiado emplazamiento del actual Puebla de Sanabria, en la confluencia de los ríos Tera y Castro, parece inmejorable para una ocupación antigua, aunque por el momento sin el adecuado contraste arqueológico.
El estudio que Metcalf hace de las monedas del reino suevo incluye un tridente de oro con la inscripción SENAPRIA. Bajo el reinado de Suintila (621-631) se vuelve a acuñar numerario bajo la leyenda Senabria. Esta coincidencia entre circunscripción eclesiástica y cecas parece indicar que nos encontramos ante un centro de poder, cuyos orígenes y límites geográficos en esta época se nos escapan por completo, pero que debe relacionarse sin lugar a dudas con la urbs Senabrie, el territorio Senabrie, o el territorio Senabriense, citados en el siglo X en los primeros documentos del monasterio de San Martín de Castañeda. Su persistencia en el tiempo resulta difícilmente explicable sin admitir el mantenimiento de algún contingente de población en la región sanabresa tras la invasión musulmana, más aun si tenemos en cuenta que el lugar pasó absolutamente desapercibido para las crónicas altomedievales.
En cuanto a Calapacios majores, ha sido identificado con Calabor por la mayoría de los autores. Pertenece al género de topónimos del Parroquial asociados habitualmente con grupos gentilicios. Fue también, al igual que Senabria, sede de una ceca visigoda bajo los nombres CALAPA y CALAPACIA, si bien este caso con una mayor proyección temporal. Los reyes emisores de numerario son Recaredo (586-601), Sisebuto (612-621), Suintila (621-631) y Chindasvinto (642-649). La relevancia de este lugar debe ponerse en relación con su condición de punto estratégico para el control de una ruta de comunicación natural que unía la región sanabresa con los territorios de Bragança y Tras-Os-Montes, también sede, no lo olvidemos, de una parroquia sueva y de una ceca visigoda. Una parte sustancial de esta ruta viene definida por el río Sabor, cuya denominación se ha relacionado con la provinciam Sabariam y el pueblo de los Sappos mencionados en la crónica de Juan de Biclaro. La primera cita documental de Calabor correspondiente a la época medieval es, sin embargo, ya bastante tardía, fechándose en 1145, pero de la lectura del diploma se desprende la persistencia de su posición como hito importante en esta vía de comunicación. Esparza Arroyo cataloga un castro en su término situado a 3 Km de la localidad actual, rodeado con una muralla de grandes lajas de pizarra y una puerta de acceso al recinto, aunque sin ningún tipo de resto material que pueda ofrecer indicios sobre su secuencia ocupacional.
Retratos de los reyes Chindasvinto, Recesvinto y Égica - Códice Albeldense [Biblioteca del Escorial]
Respecto a la sede astorgana la única parroquia que se ha relacionado con nuestra zona es la de Ventosa, si bien su identificación fehaciente ofrece serias dudas. Ventosa, siguiendo los ejemplos anteriores, presenta también una doble condición de parroquia sueva y ceca visigoda, esta vez bajo el reinado de Suintila (621-631). La crónica de Sampiro hace mención a la campaña de 867 en la que Alfonso III sojuzgó Ventosa juntamente con Astorga. A la hora de establecer su localización unos autores han señalado Castro de Ventosa en las proximidades de Villafranca del Bierzo, lugar bien conocido en la documentación del monasterio de Carracedo, heredero a su vez del Bergidum prerromano y el Bergidum Flavium en la llanura berciana, y otros al pago homónimo situado actualmente en término municipal de Benavente. Sin poder contar con argumentos resolutivos en favor de una u otra postura es preciso señalar a continuación que Bergido también aparece en la Divisio como parroquia correspondiente a Astorga, lo cual podría parecer una duplicidad innecesaria. Por otra parte, tanto en Benavente como en la sede astorgana existe una larga tradición que sitúa curiosamente a Ventosa como límite entre las diócesis de Astorga y Oviedo, apoyándose precisamente en este documento.
La existencia de un castrum o recinto fortificado de origen antiguo en la confluencia de los ríos Esla y Órbigo bajo el topónimo Ventosa -sino es que no se trata del actual asentamiento de Benavente- se deduce de un diploma de 1122 en el que doña Sol Pérez, viuda de Anaya Menéndez, entrega al monasterio de Santa Marta de Tera, una heredad en el territorio de Riua de Estula, junto al río Órbigo, debajo del castillo o ciudad Ventosa. Al margen de la problemática identificación que hace el autor del extracto del Tumbo Negro de la catedral de Astorga de los términos castillo y ciudad, de confirmarse este emplazamiento como un centro administrativo suevo-visigodo, cobrarían especial relevancia y significado diversos hallazgos arqueológicos localizados en las inmediaciones: Cerámicas tardorromanas de Villanueva de Azoague y Arcos de la Polvorosa con indicios de cristianización. Un pequeño fragmento de pizarra visigótica con inscripción hallado en término de Benavente, en el entorno del pago de Las Dibujas, lugar que proporciona material cerámico acaso medieval y tegulae probablemente de época tardorromana. Un fragmento de columna y "una piedra arenisca con una inscripción abreviada en letra visigótica", en palabras de Virgilio Sevillano, en El Priorato, precisamente en un importante nudo comunicaciones desde época romana, conocido durante la Edad Media como el Puente de Deustambem. Por último un molde de cruces en forma de tau, también de cronología visigoda, en el castro próximo de La Corona en Manganeses de la Polvorosa.

Moneda acuñada por Suintila (621-631) - Ceca Ventosa [Real Academia de la Historia]
El análisis y valoración de este conjunto de datos, y en concreto la correspondencia demostrada de las parroquias suevas con las cecas visigodas, nos sugiere una modificación en las sedes de los centros de poder altoimperiales de nuestra región durante los siglos V y VI, y la asimilación por parte del reino visigodo del sistema administrativo establecido por la monarquía sueva, articulado de una forma descentralizada sobre la base de una gran variedad de centros de poder diseminados por todo el territorio de la antigua provincia Gallaecia. Este proceso de larga duración, y de pormenores no bien conocidos aún en el estado actual de la investigación, sería una consecuencia lógica de la falta de vitalidad o decadencia manifestada por los centros político-administrativos bajoimperiales (Brigecio, Petavonium, mansios de los itinerios, etc.), la creciente ruralización del territorio y la reactivación del fenómeno castreño ante el clima de inseguridad reinante. Sobre estos enclaves, varios de ellos asentamientos en altura sobre cerros (Senabria, ¿Calabor?, Ventosa, Camarzana, etc.) se establecerá la primera organización territorial altomedieval, también sobre la base centros de morfología castreña. Así pues, estos cambios trascendentales en la organización territorial del norte zamorano deben situarse con anterioridad a la invasión musulmana. El ejemplo más significativo parece ser el de Sanabria, cuyas primeras menciones en el Tumbo de San Martín de Castañeda como sede de un territorio político-administrativo con entidad propia, sugieren cuando menos una continuidad desde la época sueva que implicaría el mantenimiento ininterrumpido de contingentes significativos de población.