martes, 15 de mayo de 2012

San Arandiselo y el monasterio de Ayóo de Vidriales - Una mirada en clave berciana

Chronica Minora

El llamado "testamento" de San Genadio es un documento de gran interés para el conocimiento de la vida monástica y eremítica en el Bierzo altomedieval, y por extensión en todo el reino leonés. Procede originariamente del monasterio de San Pedro de Montes, pero hoy es solamente conocido a través de copias tardías y de las ediciones de diversos eruditos de los siglos XVI al XVIII.
El nombre de "testamento" con el que fue conocido ya desde antiguo se debe, sin duda, al empleo del término "testamentum"en varios de los pasajes del documento, pero también a que fue considerado, de alguna manera, depositario de las últimas voluntades del santo obispo astorgano en el momento de abandonar sus responsabilidades pastorales. Sin embargo, su tenor y estructura responden al de una simple carta de donación, totalmente equiparable, desde el punto de vita diplomático, a otros muchos documentos similares. Se trata en este caso de la entrega por Genadio de diversas propiedades, preseas litúrgicas y libros a varios monasterios del Valle del Silencio, pero todo ello precedido de una larga invocación y de un preámbulo con datos sumamente reveladores sobre la vida y la obra del santo.
Iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales
La versión más antigua de este diploma se ha perdido. Sabemos, por los testimonios de algunos autores, que en el citado monasterio de San Pedro de Montes se conservó durante mucho tiempo un pergamino en letra visigótica tenido por original. En el siglo XVI Ambrosio de Morales hizo referencia al mismo en su "Viage", y ofreció una primera versión romanceada: "El obispo San Genadio hizo después un testamento, el qual tienen original con la firma del mismo santo, y yo lo llevo trasladado en romance". Años más tarde Sandoval se ocupó de nuevo del documento, y publicó una doble versión en latín y romance: "Tiene oy día el monesterio de Montes la escritura original que el santo otorgó y confirmó de su nombre, que es una señalada reliquia, y notable antigualla, en la qual se descubre el zelo deste santo. Escriturose en latín y letra gótica, conforme a lo que entonces se usava". 
Sobre la fecha de redacción existen importantes discrepancias, derivadas todas ellas de la deficiente trasmisión del escatocolo: 905, 915, 919, 920, etc. De lo que no hay duda, pues se consigna expresamente en el propio diploma, es de que se hizo durante el pontificado de Genadio en Astorga (909-919) y el reinado de Ordoño II (914-924). Por tanto su cronología podría acotarse entre los años 914-919, y tal vez se pudiera precisar más si se concretara la sede y la cronología de dos obispos confirmantes, Hermenegildo y Diego.
El “testamento” de San Genadio ofrece multitud de perspectivas sugerentes para su estudio, y ha sido objeto de todo tipo de análisis y comentarios. En esta ocasión nos detendremos en glosar el breve pasaje relacionado con el monasterio de Ageo. Su localización en el actual municipio de Ayóo de Vidriales no ofrece ninguna dificultad. Sobre ello son numerosas las evidencias documentales, apoyadas por algunos restos arqueológicos. Todo ello ha contribuido a documentar uno de los cenobios más antiguos del norte de Zamora. 
Después de una larga invocación, el obispo Genadio hace una recapitulación de su vida anterior y recuerda, en primera persona, sus vivencias “in Ageo monasterio”. Aquí existía una floreciente comunidad bajo la obediencia del abad Arandiselo, entonces ya anciano. El párrafo no proporciona detalles sobre las características de esta fundación. Podemos suponer que su biblioteca contaría con las obras de San Valerio, con la "Vita Fructosi", y otros textos atribuidos a su persona como la "Regula Communis". Es probablemente a través de  la lectura de estos relatos hagiográficos como los monjes de Ageo conocen la tradición eremítica y cenobítica de las montañas del Bierzo, y proyectan la restauración del monasterio de San Pedro de Montes, fundado por San Fructuoso en el siglo VII. 
El entonces monje Genadio parece gozar en Ageo de un cierto liderazgo, pues es él quien, junto con otros doce hermanos, y con la bendición del abad, encabeza la expedición a tierras bercianas. Allí se encuentran con un antiguo asentamiento en ruinas y cubierto por la maleza, que los colonos deben recuperar para la vida monástica y poner en explotación. En el “testamentum” se presenta a Genadio como auténtico protagonista de esta iniciativa repobladora, dejando en un segundo plano la responsabilidad del anciano abad Arandiselo y de toda la comunidad. Tampoco se menciona al obispo astorgano Ranulfo, muy involucrado en este proyecto según los primeros documentos del “Tumbo de San Pedro de Montes”, o al monarca Alfonso III. El párrafo en cuestión, según la versión de Flórez, es el siguiente:

"Cumque adhuc sub patre apostolico abbate meo Arandiselo, in Ageo monasterio degerem, vitam eremitarum delectatus cum duodenis fratribus, et benedictione supradictis scilicet, ad Sanctum Petrum, ad sanctum eremum perrexi, qui locus positus a beato Fructuoso et institutus; postquem Sanctus Valerius eum obtinuit; quantae autem vitae sanctitatis fuerint”.
Portada occidental de la iglesia del monasterio de San Pedro de Montes
Algunos de estos pormenores se pueden confirmar a través de la lectura del epígrafe de restauración y consagración de San Pedro de Montes, todavía hoy conservado en el muro meridional de la iglesia, junto a la portada románica del claustro, y fechado en 919. En él se precisa que Genadio tenía la condición de presbítero cuando acudió, en compañía de esos doce hermanos, a reconstruir las ruinas del monasterio, y que tal hecho habría ocurrido en el año 895: “NOBISSIME GENNADIUS PRESBITER CUM XII FRATRIBUS RESTAURABIT, ERA DCCCCXXXIII”. No obstante, en el “Tumbo de San Pedro de Montes” existen varios documentos referentes a estos momentos fundacionales fechados con anterioridad, concretamente en el 892. Por tanto, debieron existir algunas iniciativas anteriores, y es esta fecha: el año 892, la que debe ser tomada como “terminus ante quem” para fijar la salida de Genadio del monasterio del Valle de Vidriales.
No contamos con muchos más detalles sobre la figura del abad Arandiselo. Su personalidad se diluye en la leyenda y la hagiografía. Fue objeto de algún tipo de culto, no bien conocido, en la diócesis de Astorga. Según Augusto Quintana Prieto en los monasterios de San Pedro de Montes, Santiago de Peñalba y San Andrés de la Cisterna se conmemoraba su fiesta. De él existe alguna curiosa imagen, ya tardía, en la que aparece representado como abad. Su nombre, inusual en la onomástica de la época, no vuelve a aparecer en la documentación leonesa en fechas anteriores o posteriores. En el "Calendario de santos que pertenecen a la Iglesia de España, desde que fue establecida por los apóstoles hasta el presente : con arreglo a las fiesta de la Iglesia Catedral de Burgos", obra publicada en 1841 por José María de la Fuente, leemos en la festividad correspondiente al 15 de enero: "En Ageo, diócesis de Astorga antiguo monasterio, el santo abad Arandiselo, maestro de San Genadio y otros santos de su orden monástico, año de 901".
Nuestro Arandiselo podría identificarse con cierto abad Arandisclo, mencionado en un epígrafe altomedieval existente en la actualidad en la iglesia de Santa María de Tábara. Se trata de un tablero alargado de 77 x 25cm, a todas luces incompleto. Conserva sus bordes en tres de su lados, pero el campo epigráfico se interrumpe por rotura en su sector derecho. La pieza original debía ser, por tanto, bastante más alargada, tal vez en la línea de la inscripción de San Adriano de Boñar. La grafía es de elegantes capitales visigótico-mozárabes, mediando rayas pareadas entre las líneas de escritura. Principia con una cruz patada con disco central y ápices cóncavos, similar a la Cruz de Peñalba, pero más esquematizada. Su lectura es la siguiente:

+ OB ONOREM ET SALVATOREM DNI IHU XRI [...]
LICET INMERITO ABBA HIC EGO ARANDISCLO [...]
NON COPIA RERUM FRETUS SED DIVINO IUBAMI [NE ...]

Epígrafe de Arandisclo en la iglesia de Santa María de Tábara
En su estado actual de conservación es difícil precisar la naturaleza de esta inscripción: ¿dedicación?,¿fundación?, ¿edificación?, ¿restauración?, ¿consagración? En la parte perdida debía constar la fecha, y seguramente algún dato significativo sobre la finalidad del acto conmemorado. Lo único claro es la dedicación de un templo al Salvador en el que el abad Arandisclo tiene un destacado papel, tal vez como fundador o restaurador.
A diferencia de otros epígrafes relacionados con el nuestro, como los de San Miguel de Escalada, San Pedro de Montes o San Martín de Castañeda, el texto está redactado en primera persona. Este detalle dota de mayor solvencia a su contenido y sugiere una concordancia cronológica entre entre la actuación de Arandisclo en Tábara y el objeto de la inscripción.
En la segunda línea, tras el nombre del abad, se incluiría una forma verbal: FUNDAVI, RESTAURAVI, AEDIFICAVI, etc., seguida o precedida de alguna expresión del orden: “HOC TEMPLVM”, “HOC MONASTERIVM”, o “HAC AVLA”. Esto daría sentido a la tercera línea, una expresión arquetípica equiparable a otras de carácter epigráfico o documental: “cum Dei iuuamine, restauraui eam, siue et kasas quas ibidem construxi”, se lee en una escritura leonesa de 904 a propósito de la restauración de una iglesia.
La presencia aquí de este abad Arandisclo lejos de despejar dudas sobre la trayectoria de nuestro abad del Valle de Vidirales abre nuevas incógnitas. La palabra "HIC" precedida de "ABBA" no necesariamente debe hacer a Arandisclo abad en Tábara. Son varios los ejemplos conocidos en los que uno a varios abades de procedencia diversa, incluso de Al-Andalus, fundan o restauran monasterios. Porque si nuestro abad fue fundador o restaurador en Tábara esto no concuerda con otras versiones más o menos contemporáneas. La cronología casa, pero no los protagonistas.
Según el testimonio de la “Vita Froilanis” el monasterio de San Salvador de Tábara había sido “edificado” por San Froilán, probablemente a finales del siglo X, antes desde luego de ser obispo de León (900-905). En esta labor contó con la ayuda de San Atilano y el patrocinio de Alfonso III. Esta misma fuente nos informa que el cenobio congregaba a una floreciente comunidad dúplice, formaba por seiscientos monjes de ambos sexos. "Aedificavit Taborense cenobium ubi congregavit utrarumque sexum centies servi animas Donimo servientium". En la segunda mitad del siglo X hubo en las dependencias monásticas un célebre scriptorium donde se copió e iluminó el famoso Beato del Archivo Histórico Nacional, comenzado por el pintor-calígrafo Magius y terminado en 968 por su discípulo Emeterius.
Como ya se señaló más arriba no contamos con más datos sobre el abad Arandiselo, ni tampoco sobre los orígenes de su recóndito monasterio del Valle de Vidriales. Desde que Astorga fue repoblada de una manera definitiva hacia 854, en época de Ordoño I, e integrada en los organigramas de la monarquía astur, debió crearse una circunscripción basada en la tradición romano-visigoda y en la administración eclesiástica. Con Alfonso III (866-910), después de la batalla de Polvoraria de 878, los valles de Benavente se incorporan al registro escrito, primero con alguna puntual mención en las crónicas asturianas y, más tarde, con alusiones más directas en los diplomas.

En consonancia con lo que se ha venido en llamar neogoticismo astur, en la vieja sede asturicense se restaura el obispado y se restablece una autoridad política, delegada del poder regio, cuyos pioneros son las figuras del obispo Indisclo y del conde Gatón, venido del Bierzo junto con un grupo de pobladores. La repoblación de Astorga supuso la recuperación de los terrirorios del viejo obispado, donde además de las labores de colonización agraria se fundan o restauran iglesias y monasterios. Como se consigna en un diploma de 878 una parte de estos pobladores procedía del Bierzo. No deja de ser significativo que los dos núcleos más próximos a Ayóo tengan topónimos evocadores de la geografía berciana: "Congosta" y "Carracedo", así como los próximos "Bercianos de Vidriales" y "Bercianos de Valverde". Arandiselo y su primigenia comunidad de Ageo pudieron haber llegado a estas tierras del Valle de Vidriales en los últimos decenios del siglo IX procedentes también del Bierzo. Ello explicaría su interés por devolver a la vida San Pedro Montes.
Además si aceptamos que Arandiselo fue un representante del prototipo de "hombre santo", fundador o promotor de monasterios (Ageo, Tábara, y tal vez otros), su discípulo Genadio no habría hecho otra cosas que proseguir en el Bierzo la labor de su maestro. Arandiselo sería un patriarca, una persona que por su edad y sabiduría ejercía una autoridad en la colectividad. Sería el continuador de una forma de espiritualidad que desde los tiempos de San Fructuoso combinaba la vida eremítica y cenobítica.
El monasterio de Ageo vuelver a citarse en varias ocasiones durante los siglo X al XII. Un “Baldemarus, abba Agogi” confirma, junto con otros abades un diploma del monasterio de Santiago de Peñalba de 940. En 1015 se mencionan a los “frayles de Ayó” en una carta astorgana. En 1018 se dona una villa junto a Castrogonzalo al “monasterio de Ayou”. En 1057 la infanta doña Elvira, hija del rey Bermudo II, tiene un vaso de plata de veinte sueldos y una mula de sesenta del monasterio y entrega en compensación a dicho cenobio la villa de Granucillo, en Vidriales. Este carta tiene el interés adicional de proporcionar por primera vez la advocación principal del monasterio, al menos a mediados del siglo XI: San Fructuoso. El dato confirma la particular devoción hacia el patriarca del monacato berciano y explica el sentido de la restauración de San Pedro de Montes: "et damus et concedimus eam ad aulam Sancti Fructosi ab omni integritate".
En la iglesia parroquial de Ayóo se conservan al parecer dos imágenes de San Fructuoso. Una de bulto redondo está en un pequeño retablo del siglo XVII y otra, más dudosa, en una de las tablas de otro retablo barroco. Aquí se presenta a un personaje con casulla, báculo y una mitra de obispo a los pies. Igualmente se ha conservado el topónimo "Huertas de San Fructuoso" en un paraje de la parte baja del pueblo. (Agradezco a Isabel Riesco, del blog Avantales, la información proporcionada sobre la localidad).
En 1154 Alfonso VII entrega al abad don Suero el monasterio de Ageo, en Vidriales, con el coto que tenía en época de Fernando I, Alfonso VII, la infanta Urraca y la infanta Elvira, para que establezca allí un convento bajo la orden de San Benito. En 1156 este mismo Suero, siendo ya obispo de Coria, dona a Pedro Pérez, monje y diácono, el monasterio de Ageo que había recibido de Alfonso VII con la condición de establecer una comunidad bajo la regla de San Benito.

Debió ser en esta época cuando el monasterio se convirtió en uno de los prioratos del monasterio de San Martín de Castañeda, pues así se consigna en su Libro Becerro o Tumbo del siglo XVIII. Pero en algún momento esta posesión, junto con Ribadelago, pasaron a la orden del Temple, lo que daría ligar a una demanda ante el Papa hacia 1182. De nuevo del "Tumbo de Castañeda" nos ilustra sobre este particular: “Por los años de 1182 el Papa Luzio tercero mandó a los Caballeros templarios buelban a este monasterio el lugar de Rivadelago y el de Ayó en Val de Bedriales que tenían tomados, y si no lo hiziesen comparezacan en juizio ante el obispo de Zamora, o de Astorga, o arzediano de León. Está sellado este instrumento con sello de plomo pendiente de un cordón de hilo, y en su cajón número 58. Empieza Luçius episcopus, etc,” .
Los monjes de Castañeda consegurían recuperar Ribadelago, pero no debió ocurrir lo mismo con Ageo. Todo apunta a que los caballeros del Temple retuvieron este lugar como una de sus posesiones más destacadas en tierras zamoranas, junto con otras como Mombuey, Tábara y Alcañices. Con la disolución de la Orden, todas ellas pasaron al patrimonio de la Corona. En la segunda mitad del siglo XIV todos estos bienes se van a ver afectados por el proceso de señorialización. En 1371 Enrique II concedía a Gómez Pérez de Valderrábano, su vasallo, casado con Juana López Cifuentes, “por muchos serviçios e bonos que nos avedes fecho e fazedes cada día, damos vos por juro de heredad para vos e para vuestros fijos e para todos aquellos que de vos venieren: Mombuey, e Alcañyzas, e Távara, e Ayo”.
De la ubicación del antiguo monasterio de Ageo no se conserva memoria en la localidad de Ayó de Vidriales. Tal vez puedan pertenecerle dos columnas de mármol, con sus correspondientes basas, fustes y capiteles, existente hoy en día en el Museo de los Caminos de Astorga.
Gómez Moreno alcanzó a ver hacia 1903 las dos columnas reaprovechadas como soporte del portal de la iglesia. En los años posteriores debió desmontarse esta estructura con ocasión de alguna reforma, de modo que las dos columnas se convirtieron en escombros acumulados junto al templo. Según comentan hoy algunos vecinos “estaban tiradas por el suelo y servían para que pasaran mejor los carros".
En 1965 Augusto Quintana Prieto, en una visita al Valle de Vidriales, se encontró con estas piezas descabaladas y con uno de los fustes cercenado: "Una de las columnas ya no estaba entera, sino que resultaba de inferior altura que su compañera. Aún si eran piezas muy estimables, que el sacerdote se mostraba dispuesto a enajenar, por lo cual, sin la menor dificultad, me las traje para Astorga". Fueron instaladas y expuestas en el Museo de los Caminos, en los sótanos del Palacio de Gaudí, que por entonces comenzaba a iniciar su andadura.
Son dos columnas de modestas proporciones en comparación con otros ejemplos conocidos en edificios altomedievales en pie. Su longitud total, incluyendo basa, fuste y capitel, no sobrepasaría los 2,70 metros. Los capiteles, de 33 cm. de alto,  fueron trabajados en mármol blanco con vetas grisáceas. Debido al efecto de la intemperie su tonalidad se ha oscurecido y presentan huellas evidentes de desgaste, así como faltas y roturas en todo su perímetro.
Ayóo de Vidriales, basas de columnas en su iglesia. Según Gómez Moreno

Las dos piezas están inspiradas en el modelo de capitel corintio clásico, con su cesta distribuida en dos filas o pisos de hojas de acanto. El inferior presenta todos los acantos en un mismo nivel, mientras que en el superior se posicionan variando ligeramente su altura. Las hojas, de lóbulos rotundos y bien contorneados, doblan sus extremos hacia afuera en varios pliegues. El collarino, de unos 3 cm. de altura, está recorrido en ambos casos por una labor de sogueado, si bien en unos de ellos el desgaste la hace casi inapreciable.
Ambos capiteles presentan hechuras y técnicas muy similares, tal vez indicio de su pertenencia a una misma mano o a una misma iniciativa edilicia. Sus principales diferencias vienen definidas por el tratamiento del ábaco y algunos detalles decorativos. Mientras que en el primero se remata el ábaco mediante doble soguedado, en el segundo se hace a través de una retícula biselada romboidal, asemejando estrellas. En aquél las hojas de los cuatro extremos se orlan de caulículos retorcidos rematados en pequeñas bolas o volutas, mientras que éste carece de ellos. Huellas de los orificios del trépano son visibles tanto en los collarinos como las digitaciones de los acantos. El dado central del ábaco está rematado en palmetas en uno, y en una  forma vegetal estilizada en el otro.
Las basas de estas piezas llamaron la atención de Gómez Morerno por su amplio desarrollo, hasta el punto de insertar un doble boceto de las mismas en sus "Iglesias Mozárabes". Son piezas de 36 cm. de altura, una de ellas acampanada y la otra cilíndrica. Destacan por su notable altura y la barroca alternancia de molduras.
En la iglesia parroquial de Ayóo de Vidriales, se exhumaron en 1995 los restos de una edificación anterior que tal vez pudiera remontarse a la época del monasterio. Con ocasión de una intervención arqueológica se documentaron los cimientos de una posible habitación, de la que tan sólo se pudo analizar su ángulo suroccidental exterior, pues sobre ella se apoya la cabecera y muro septentrional de la nave del edificio actual.
Fragmento de celosía de Ayóo de Vidriales según Hortensia Larren
Según el informe de Hortensia Larren los cimientos estaban construídos con grandes sillares de 50 x 70 y 57 x 70 cm unidos con argamasa de cal, y con cara al exterior, observándose un total de la estructura de 0,95 x 2,00 m. Además se recuperó una ventana-celosía, muy fragmentada, con decoración labrada en una de sus caras. De diseño rectangular, los restos conservados corresponderían a su mitad derecha, partida, a su vez, en dos fragmentos.
La pieza, de 74x 34 cm en lo conservado, está enmarcada por una moldura de 5cm. de grosor y presenta una decoración calada a base pétalos u hojas de una probable forma vegetal, en la parte superior, y de retícula incisa y pequeños cuadrados también calados en la parte inferior.

lunes, 12 de marzo de 2012

El privilegio de Chindasvinto al monasterio de Compludo - Tras las huellas de un falsario erudito



El fondo documental de la Catedral de Astorga ofrece como una de sus piezas más singulares un diploma fechado en el año 646 referente al monasterio de Compludo. Se trata de la famosa donación del rey visigodo Chindasvinto, y su esposa Reciberga, a San Fructuoso, y a través de él al citado cenobio berciano, de diversas heredades, libros y preseas litúrgicas.
La desaparición prácticamente total del fondo de pergaminos de la catedral de Astorga durante la Guerra de la Independencia, así como del conocido como “Tumbo Negro”, nos ha privado de las versiones más antiguas de este documento. No obstante, su tenor es bien conocido a través de diversas copias, ediciones y de las referencias de autores de los siglos XVI al XVIII.
Dada la antigüedad atribuida al texto y la relevancia de los personajes intervinientes, fue objeto de la atención de eruditos e historiadores de todas las épocas. Además, el texto fue considerado durante mucho tiempo el primer documento conservado de la monarquía hispana y por tanto tenido por uno de los testimonios más importantes de la diplomática altomedieval.
A pesar de haber sido editado en numerosas ocasiones el documento carece aún de un estudio pormenorizado. La razón de ello es evidente: ha sido desahuciado repetidamente por falso por la mayoría de críticos y editores contemporáneos. Sin embargo, al margen de la cuestión de su autenticidad, el diploma constituye una fuente de gran interés histórico y diplomático, y ofrece otras muchas perspectivas dignas de estudio. En este trabajo no centraremos en analizar las circunstancias que rodearon su fabricación y toda la parafernalia desplegada para hacerlo verosímil.
Ambrosio de Morales es uno de los primeros autores que se ocuparon de nuestro documento. Con ocasión de su “Viage” visitó el monasterio berciano de San Pedro de Montes en 1572. En su relato sobre el cenobio incluyó una breve reseña sobre Compludo. Aunque no llega a editar el texto proporciona algunas de las primeras claves para acercarnos a la tradición manuscrita:

“Compludo. Lugar pequeño en el Vierzo, cerca de Molina seca. Su Iglesia mayor fue antiguamente Monesterio de Monges Benitos con la advocación de S. Justo y Pastor. Fundólo San Fructuoso, pariente de los Reyes Godos, en tiempo del Rey Cindasvindo, y el Rey acrecentó mucho, y el Rey Don Ramiro Segundo después de la destruición de España lo confirmó. Todo parece en el privilegio deste Rey D. Ramiro, donde está inserto el otro primero del Rey Cindasvinto: Agora no es Abadía de Monges, sino Dignidad de la Iglesia en Astorga, sin que se entienda cómo ni quando se pasó allí”.

La primera edición de la que tenemos noticia es la Prudencio de Sandoval en su Primera parte de las fundaciones de los monasterios del glorioso Padre San Benito, que los Reyes de España fundaron y dotaron. El texto no ofrece variantes reseñables con respecto a lo conocido por otros autores, pero ofrece algunos detalles sobre el origen de la copia por él manejada:

“Cuya obra confirma el Rey Cindasuinto, con su muger la Reyna Reciberga, y añaden algunos bienes y dieron dello su carta y priuilegio Real, cuyo tanto tiene la Iglesia de Astorga en el libro donde estan recopilados todos sus priuilegios, de donde saque yo; y por ser la escritura más antigua que tiene España, y por encarecer en ella la virtud y sangre Real deste Santo monge, la pondre quando escriuiere su vida [...] Acrecentó esta obra el Rey Cindasvinto, como parece por su antiquisimo priuilegio, cuyo tanto tiene la ciudad de Astorga en su Iglesia. Y otro inserto en una confirmación que del hizo el Rey don Ramiro el III, que por ser la escritura mas antigua que se halla, y dezirnos en ella quien era S. Fructuoso, y ver el pecho y devoción del Santo Rey Cindasuinto, pondre en fin desta vida una copia del, fielmente sacada”. Fol. 11v F. 15r.. Se copia en 16v-17v.

De todo lo dicho hasta ahora podemos sacar algunas conclusiones. Por una parte que, al menos desde el siglo XVI, la única versión conocida del diploma  era la copia incorporada en el Tumbo Negro de la Catedral de Astorga. En segundo lugar que el texto se presentaba inserto en una confirmación posterior de un monarca que para Sandoval es Ramiro III, pero todo apunta a que en realidad es, como veremos, Ramiro II.
El llamado “Tumbo Negro de Astorga” era un códice confeccionado durante los siglos XII-XIII para recopilar las escrituras de la catedral. Desapareció, como hemos dicho, durante la Guerra de la Independencia, pero es posible reconstruir se estructura y contenidos a través de un manuscrito del siglo XVII, hoy conservado en la Biblioteca Nacional con la signatura Ms. 4.357. Este último manuscrito no copia el contenido íntegro de los documentos, sino extractos, pero para el caso que nos ocupa resulta muy útil, pues permite conocer cómo figuraba la copia del privilegio de Chindasvinto.
El extracto comienza de la siguiente manera: "Privilegio i donación que hizo el rey Don Chindasvindo, y su esposa doña Reciverga en fabor del monasterio de San Justo y Pastor de Compludo, cerca del río de Molina debajo del Monte Yrago en los confines del Vierzo, y de su abad Fructuoso a quien trata de santo y repite ser fundación de sus propias manos edificado, y dotado de propios vienes de Fructuoso, y proceder este de R. prosapia ..”. El extracto resume a continuación el contenido de la donación y da, por último, detalles sobre la data, el folio y el número de orden dentro del Tumbo Negro: “Fecha 15 kalendas novembris era CDLXXXIIII que corresponde a 18 de octubre, año de 646. Siendo obispo de Astorga don Candidato que también firmó en dicho instrumento con otras muchas personas. Fol. 82, nº 279".
Como vemos no hay ninguna alusión al privilegio de Ramiro II. Pero el documento está precedido de un privilegio de Ramiro II al monasterio de Santa María de Tabladillo, debajo del monte Irago, en el que se hace alusión a un concilio celebrado en 946 por consejo del obispo Salomón. Antecede además a tres cartas relativas a Compludo de 933, 992 y 1072.
Nuestro diploma de Chindasvinto no resiste la más benevolente de las críticas diplomáticas. Todo su tenor, desde principio a fin, es absolutamente apócrifo, sin que podamos  ni siquiera vislumbrar algún resquicio para suponer la existencia de un diploma original de época visigoda en el que pudiera haberse inspirado su creador. Pero a pesar de su evidente falsedad hay que reconocer un meticuloso y concienzudo trabajo de elaboración, en el que no faltan incluso algunas soluciones ingeniosas, todo ello para presentar un contenido al menos verosímil. Fueron varias las fuentes utilizadas por nuestro falsario para componer su obra, algunas de las cuales podemos identificar de forma feaciente.
La primera dificultad la encontramos en la identificación de los supuestos protagonistas del documento: “Ego Chindasvintus rex et Reciberga regina”. A pesar de existir una tradición secular que asocia a Chindasvinto con la reina Reciberga, basada fundamentalmente en el texto del epitafio de esta última, la moderna historiografía hace a Reciberga esposa real del hijo y sucesor de Chindasvinto: Recesvinto. Esta identificación es defendida, entre otros, por José Orlandis en su "Historia del Reino Visigodo Español".
Entrando ya en el preámbulo del documento, nos topamos con algunos datos biográficos sobre San Fructuoso y la fundación del monasterio de Compludo.

“... edificatum per tu as beatas manus sanctissime Fructuose abbas pro confessione monachorum et quambis satis cum amplifice ditasti beate Fructuose abbas regali pro sapia ex arte ipsum locum supranominatum tuis satis magnis hereditatibus nostra lamen regalis auctoritas non decet abesse. Scimus enim ipsum monasterium supranominatum Domine Complutum in onorem sanctorum Martirum Iusti et Pastoris in tuo patrimonio et tila hereditate atemitipso esse fundatum et amplifice tuis patrimoniis ditatum”.

Este pasaje es en realidad una reproducción más o menos parafraseada del párrafo de la “Vita Fructuosi” en el que se narra el origen familiar del santo y los inicios de la vida monacal en Compludo.

domingo, 26 de febrero de 2012

"In finibus Gallecie" - Suevos y visigodos en el norte de Zamora

El norte zamorano no se encuentra entre las regiones peninsulares con una relevante y contrastada presencia germánica. No obstante, tanto las fuentes escritas como determinados testimonios arqueológicos y artísticos permiten conocer, a grandes rasgos, la trayectoria seguida por nuestro territorio bajo el domino de los dos principales pueblos germánicos asentados en él tras su entrada en la Península a partir del año 409: suevos y visigodos.
El establecimiento del pueblo suevo en el noroeste peninsular tuvo lugar como consecuencia de un pacto de federación suscrito entre los primeros pueblos invasores -vándalos, suevos y alanos- y el poder imperial romano. De esta forma, en 411 suevos y vándalos asdingos se repartieron por sorteo, según los testimonios de Idacio y Orosio, la Gallaecia. Este territorio debe identificarse con la provincia romana bajoimperial surgida tras la reorganización administrativa de Diocleciano, y por tanto incluiría, además de Galicia, Asturias, Cantabria, el norte de Portugal hasta el Duero y un sector no depreciable de la Meseta del Duero. Todavía en varios documentos de Sahagún de los siglos X y XI se dice del río Cea que se encuentra in finibus Gallaeciae.. El asentamiento de los vándalos en la Península resultó a la postre efímero pues, tras diversos avatares, en 429 pasaron al norte de África para crear su propio estado.

Capitel del Sacrificio de Isaac. Iglesia de San Pedro de la Nave [Foto Rafael González]
Así pues, el dominio suevo correspondió sobre una gran parte del territorio zamorano, circunstancia que por sí sola explicaría la casi total ausencia de testimonios visigodos en la provincia hasta el siglo VII. Los restos artísticos y arqueológicos pertenecientes a la cultura visigoda serían posteriores a la desaparición del reino suevo como entidad política y la incorporación de su ámbito geográfico a la monarquía goda. Quedan, sin embargo, aún múltiples interrogantes sobre el posible principal testimonio del pasado visigodo de la provincia: la iglesia de San Pedro de la Nave. A pesar de que en un principio Gómez Moreno consideró el templo como visigodo, fechándolo a finales del siglo VII, en la actualidad las opiniones están divididas, no faltando autorizadas interpretaciones que sitúan su construcción en momentos posteriores. También en el siglo VII se vienen fechando las cruces de oro y demás objetos litúrgicos integrantes del tesorillo hallado en 1921 en Villafáfila, hoy en el Museo Provincial de Zamora.
No conocemos, en cambio, el papel que pudieron jugar en estos momentos iniciales de la ocupación germánica los campamentos romanos mencionados en la Notitia Dignitatum, en particular las tropas limitanei asentadas en Paetonio (Rosinos de Vidriales). Barbero y Vigil sostuvieron, en una interpretación que hizo fortuna, la existencia de un limes o frontera fortificada formada por diversos campamentos en la Submeseta Norte, desde Galicia a Vasconia, entre ellos el de Petavonium, cuyo objetivo principal sería el control de astures, cántabros y vascones, pueblos indígenas nunca plenamente romanizados que retomarían su tradicional espíritu belicoso aprovechando el resquebrajamiento de poder imperial entre finales del siglo IV y principios del siglo V. Sin embargo, en la actualidad esta teoría no goza de demasiados adeptos, prefiriéndose relacionar la presencia de estas unidades militares con las explotaciones mineras del noroeste de la Península, la defensa y control de las principales vías de comunicación, y posteriormente, tras los acontecimientos de comienzos del siglo V, con las migraciones de los pueblos germánicos que dieron origen a la formación del Reino Suevo.
En general las fuentes coetáneas son obstinadamente parcas en noticias y en no pocas ocasiones confusas y contradictorias. Desconocemos casi por completo aspectos esenciales como las características del asentamiento suevo, su peso cuantitativo y cualitativo en el contexto de la población hispanorromana y, lo más importante para la cuestión que nos ocupa, los posibles cambios experimentados en las estructuras del poblamiento tardorromano. En cualquier caso, el mencionado reparto de territorios entre los diferentes pueblos invasores no haría otra cosa que poner de manifiesto el vacío de poder político y militar existente en buena parte del noroeste peninsular. Pablo de la Cruz Díaz Martínez sostiene, apoyándose en la Crónica de Idacio y en la constatación arqueológica a partir de ejemplos del Conventus Bracarense como Fiäes, Faria, Sanfins, Lanhoso y otros, que buena parte de los castros siguieron ocupados en este momento, incluso con una renovación apreciable de su actividad. Estos castella serían entidades de población fortificadas de carácter menor -en comparación con las civitates- que perviven desde época prerromana o se reutilizan ante el clima de inestabilidad reinante. En un expresivo pasaje de la Crónica de Idacio se alude a los castela tutioria que debieron desempeñar un papel relevante en la resistencia presentada por los habitantes de la Gallaecia a la dominación sueva, y más tarde en los enfrentamientos entre suevos y visigodos.
Iglesia de San Pedro de la Nave [Foto Rafael González]
A falta de nuevos datos que pueda proporcionar la arqueología para nuestro territorio podríamos aventurar la correspondencia de algunos de estos castra o castela con enclaves de los que tenemos información a través de fuentes como el Parroquial Suevo, el registro de las cecas visigodas y determinados restos constructivos y arqueológicos hallados en el entorno de estos lugares.
El Parrochiale Suevum o Divisio Theodomiri es un interesante documento que nos informa sobre el estado de la organización eclesiástica de Gallaecia a finales del siglo VI. Se trata de una lista detallada de las diócesis del reino suevo, dependientes de la sede metropolitana de Braga, y a las que el rey Teodomiro (559-569) asigna sus parroquias correspondientes. No obstante, las transmisión documental del texto también nos presenta esta división como atribuida a una reunión de obispos celebrada en Lugo en 569, por lo que también es frecuente referirse a esta fuente como Concilio de Lugo. A la luz de los datos que arroja sobre el mapa de las trece diócesis del reino suevo, se puede fijar su composición entre 572 y 589, o más probablemente entre 572 y 582. Por tanto, en su actual redacción sería posterior al reinado de Teodomiro, fallecido en el 569, y se adentraría en la época del rey Mirón (570-583).
Normalmente se admite que el contenido del Parroquial fue parcialmente interpolado, muy probablemente a lo largo de los siglos XI y XII con motivo de las disputas surgidas entre varias diócesis gallegas y portuguesas. Una de las alteraciones más evidentes es el pasaje en el que se intenta equiparar a Lugo con Braga, en cuanto a su condición de sede metropolitana, cuando en realidad se trataba de una única metrópoli: Braga, con dos centros administrativos: Braga y Lugo. Sin embargo, Demetrio Mansilla Reoyo, autor del más reciente y completo estudio sobre este documento, considera que su contenido "responde perfectamente y en sustancia a los hechos históricos y geográficos de la época sueva". Buena prueba de ello es la identificación de varios topónimos con cecas suevas y visigodas. Sea como fuere, las posibles interpolaciones no afectarían al contenido sustancial del documento.
Con toda probabilidad esta administración eclesiástica fue establecida sobre realidades sociológicas preexistentes. Por ello se mantienen topónimos de raigambre prerromana: Senabria, Bergido, Senimure, y un buen número de parroquias deben ser entendidos como gentilicios, y de hecho varios de estos grupos indígenas pueden ser identificados sin dificultad en las fuentes romanas altoimperiales. La presencia de estas unidades administrativas con el nombre de un grupo gentilicio apunta a la permanencia de determinados aspectos de las estructuras indígenas en los años más avanzados de la tardorromanidad. A diferencia de los límites diocesanos de época plenomedieval, mucho más precisos y basados, en general, en accidentes geográficos reconocibles, la Divisio Theodomiri fija las circunscripciones sobre las parroquias, que a su vez serían centros de irradiación evangélica hacia las poblaciones limítrofes. El texto recoge un total de trece sedes dependientes de la metrópoli de Braga. Dos de ellas, Orense y Astorga, incluyen parroquias que afectan de una forma u otra al territorio del norte zamorano.
Retrato del rey Sisebuto
Dentro de la sede orensana se mencionan dos parroquias que se suelen relacionar con poblaciones sanabresas: Senabria y Calapacios majores. La identificación de Senabria con Sanabria no parece ofrecer dificultades, otra cosa es determinar si nos encontramos ante el nombre genérico de un territorio o ante un núcleo concreto de población. Como ya apuntó Gómez Moreno, el privilegiado emplazamiento del actual Puebla de Sanabria, en la confluencia de los ríos Tera y Castro, parece inmejorable para una ocupación antigua, aunque por el momento sin el adecuado contraste arqueológico.
El estudio que Metcalf hace de las monedas del reino suevo incluye un tridente de oro con la inscripción SENAPRIA. Bajo el reinado de Suintila (621-631) se vuelve a acuñar numerario bajo la leyenda Senabria. Esta coincidencia entre circunscripción eclesiástica y cecas parece indicar que nos encontramos ante un centro de poder, cuyos orígenes y límites geográficos en esta época se nos escapan por completo, pero que debe relacionarse sin lugar a dudas con la urbs Senabrie, el territorio Senabrie, o el territorio Senabriense, citados en el siglo X en los primeros documentos del monasterio de San Martín de Castañeda. Su persistencia en el tiempo resulta difícilmente explicable sin admitir el mantenimiento de algún contingente de población en la región sanabresa tras la invasión musulmana, más aun si tenemos en cuenta que el lugar pasó absolutamente desapercibido para las crónicas altomedievales.
En cuanto a Calapacios majores, ha sido identificado con Calabor por la mayoría de los autores. Pertenece al género de topónimos del Parroquial asociados habitualmente con grupos gentilicios. Fue también, al igual que Senabria, sede de una ceca visigoda bajo los nombres CALAPA y CALAPACIA, si bien este caso con una mayor proyección temporal. Los reyes emisores de numerario son Recaredo (586-601), Sisebuto (612-621), Suintila (621-631) y Chindasvinto (642-649). La relevancia de este lugar debe ponerse en relación con su condición de punto estratégico para el control de una ruta de comunicación natural que unía la región sanabresa con los territorios de Bragança y Tras-Os-Montes, también sede, no lo olvidemos, de una parroquia sueva y de una ceca visigoda. Una parte sustancial de esta ruta viene definida por el río Sabor, cuya denominación se ha relacionado con la provinciam Sabariam y el pueblo de los Sappos mencionados en la crónica de Juan de Biclaro. La primera cita documental de Calabor correspondiente a la época medieval es, sin embargo, ya bastante tardía, fechándose en 1145, pero de la lectura del diploma se desprende la persistencia de su posición como hito importante en esta vía de comunicación. Esparza Arroyo cataloga un castro en su término situado a 3 Km de la localidad actual, rodeado con una muralla de grandes lajas de pizarra y una puerta de acceso al recinto, aunque sin ningún tipo de resto material que pueda ofrecer indicios sobre su secuencia ocupacional.
Retratos de los reyes Chindasvinto, Recesvinto y Égica - Códice Albeldense [Biblioteca del Escorial]
Respecto a la sede astorgana la única parroquia que se ha relacionado con nuestra zona es la de Ventosa, si bien su identificación fehaciente ofrece serias dudas. Ventosa, siguiendo los ejemplos anteriores, presenta también una doble condición de parroquia sueva y ceca visigoda, esta vez bajo el reinado de Suintila (621-631). La crónica de Sampiro hace mención a la campaña de 867 en la que Alfonso III sojuzgó Ventosa juntamente con Astorga. A la hora de establecer su localización unos autores han señalado Castro de Ventosa en las proximidades de Villafranca del Bierzo, lugar bien conocido en la documentación del monasterio de Carracedo, heredero a su vez del Bergidum prerromano y el Bergidum Flavium en la llanura berciana, y otros al pago homónimo situado actualmente en término municipal de Benavente. Sin poder contar con argumentos resolutivos en favor de una u otra postura es preciso señalar a continuación que Bergido también aparece en la Divisio como parroquia correspondiente a Astorga, lo cual podría parecer una duplicidad innecesaria. Por otra parte, tanto en Benavente como en la sede astorgana existe una larga tradición que sitúa curiosamente a Ventosa como límite entre las diócesis de Astorga y Oviedo, apoyándose precisamente en este documento.
La existencia de un castrum o recinto fortificado de origen antiguo en la confluencia de los ríos Esla y Órbigo bajo el topónimo Ventosa -sino es que no se trata del actual asentamiento de Benavente- se deduce de un diploma de 1122 en el que doña Sol Pérez, viuda de Anaya Menéndez, entrega al monasterio de Santa Marta de Tera, una heredad en el territorio de Riua de Estula, junto al río Órbigo, debajo del castillo o ciudad Ventosa. Al margen de la problemática identificación que hace el autor del extracto del Tumbo Negro de la catedral de Astorga de los términos castillo y ciudad, de confirmarse este emplazamiento como un centro administrativo suevo-visigodo, cobrarían especial relevancia y significado diversos hallazgos arqueológicos localizados en las inmediaciones: Cerámicas tardorromanas de Villanueva de Azoague y Arcos de la Polvorosa con indicios de cristianización. Un pequeño fragmento de pizarra visigótica con inscripción hallado en término de Benavente, en el entorno del pago de Las Dibujas, lugar que proporciona material cerámico acaso medieval y tegulae probablemente de época tardorromana. Un fragmento de columna y "una piedra arenisca con una inscripción abreviada en letra visigótica", en palabras de Virgilio Sevillano, en El Priorato, precisamente en un importante nudo comunicaciones desde época romana, conocido durante la Edad Media como el Puente de Deustambem. Por último un molde de cruces en forma de tau, también de cronología visigoda, en el castro próximo de La Corona en Manganeses de la Polvorosa.

Moneda acuñada por Suintila (621-631) - Ceca Ventosa [Real Academia de la Historia]
El análisis y valoración de este conjunto de datos, y en concreto la correspondencia demostrada de las parroquias suevas con las cecas visigodas, nos sugiere una modificación en las sedes de los centros de poder altoimperiales de nuestra región durante los siglos V y VI, y la asimilación por parte del reino visigodo del sistema administrativo establecido por la monarquía sueva, articulado de una forma descentralizada sobre la base de una gran variedad de centros de poder diseminados por todo el territorio de la antigua provincia Gallaecia. Este proceso de larga duración, y de pormenores no bien conocidos aún en el estado actual de la investigación, sería una consecuencia lógica de la falta de vitalidad o decadencia manifestada por los centros político-administrativos bajoimperiales (Brigecio, Petavonium, mansios de los itinerios, etc.), la creciente ruralización del territorio y la reactivación del fenómeno castreño ante el clima de inseguridad reinante. Sobre estos enclaves, varios de ellos asentamientos en altura sobre cerros (Senabria, ¿Calabor?, Ventosa, Camarzana, etc.) se establecerá la primera organización territorial altomedieval, también sobre la base centros de morfología castreña. Así pues, estos cambios trascendentales en la organización territorial del norte zamorano deben situarse con anterioridad a la invasión musulmana. El ejemplo más significativo parece ser el de Sanabria, cuyas primeras menciones en el Tumbo de San Martín de Castañeda como sede de un territorio político-administrativo con entidad propia, sugieren cuando menos una continuidad desde la época sueva que implicaría el mantenimiento ininterrumpido de contingentes significativos de población.

miércoles, 12 de mayo de 2010

En busca de las reliquias de San Genadio - El "Santo Asalto" de la Duquesa de Alba en 1603

Uno de los aspectos más peculiares de la religiosidad en las épocas medieval y moderna, dado el alto grado de fanatismo alcanzado, fue el culto a las reliquias, indisolublemente ligado al culto a los santos.  La posesión de los despojos de alguno de ellos, aunque fuera en una mínima parte, era una garantía de prestigio para cualquier centro religioso y motivo de devoción y peregrinación por parte de cualquier visitante de los tesoros de los templos.
Las reliquias tenían, por otra parte, para los coetáneos reconocidas virtudes taumatúrgicas, no exentas de un cierto componente morboso y extravagante. Su simple contemplación o aproximación física proporcionaba un contacto más directo con la divinidad y garantizaba su influjo espiritual, siempre que se cumplieran unos ritos preestablecidos.
En 1603 María de Toledo Colonna, viuda del IV Duque de Alba don Fadrique Álvarez de Toledo, organizó una delirante expedición para, desde Villafranca del Bierzo, alcanzar la remota iglesia de Santiago de Peñalba, exhumar los cuerpos de varios santos allí venerados y trasladar secretamente las reliquias a su monasterio de Dominicas de La Laura. El objetivo principal de la empresa se cumplió, al menos en lo referente a las reliquias de San Genadio y San Urbano, pero este viaje de la duqesa, también conocido como el Santo Asalto, se vio rodeado de una serie de peripecias de tintes tragicómicos que quedaron recogidas en un texto cohetáneo de gran interés. El contenido del mismo, tal y como fue transcrito por el Padre Fidel Fita en 1903, es el siguiente:

"Abiendo hocupado en esto algunos dias partieron de billafranca; y la misma duquesa que le tomo devocion por la rrelacion que le avian hecho de visitar aquel yermo: y para que lo que pretendía no le parecio decente, degar de ir en persona: y fue la primera y última vez que en toda su. bida por su boluntad salio de casa ni una legua: porque aunque andaba muchos caminos fueron por boluntad agena, y obediencia: acompañaronla el marques su hermano, y su santo confesor y no mas que huna docena de criados dentranbos, y una sola criada, y otra viuda devota señora de basallos muy faborecida de la duquesa: llevaban tratado de acer el santo asalto en secreto por no alborotar un lugarillo de Cabreros y un cura que el abad de peñalba dignidad de la yglesia mayor de astorga alli tenia puesto: y de velar la duquesa en la yglesia una noche y en ella sacar el santo cuerpo: y así avía mandado que en la misma litera en que yba pusiesen una palanca para levantar las losas y llevar un cofre muy bien aderezado con olandas y tafetanes: y un ornamento para dar á la yglesia, y cargas de achas para sacar con solenidad las Reliquias. Al tiempo que yba a entrar en su litera mandó sacar acaso la palanca, que si alli fuera parece tornara con huna compañera menos: la gornada hera toda de ocho leguas y tardaron asta bolber a billafranca cuatro días: porque segun parecio, el enemigo pretendio quitar en aquel camino la bida a la que entendía en los negocios de la laura. Ycieron noche en rrimor lugarillo del marquesado; partieron el siguiente día para San esteban de balduera con intento de Comer allí y llegar a la tarde a la yglesia de peñalva: yba la duquesa leyendo en el libro de San doroteo; y queriendo que lo hoyese doña madalena Sarmiento, aquella biuda que la hacompañaba, yçola pasar de otra litera adonde yba a la suya, y en ella llevaba aquella imagen del Cristo glorioso que la Santa madre Teresa de Jesús, su gran amiga yço cuanto pudo el arte ymitar (y) Sus palabras, y (con) ellas al bivo Señor quen la horacion avia bisto: yban atras el marques y el maestro en otra litera y al pasar la primera por un camino,- que toda su longitud acia pendiente aria un Rio que se pasaba por un ponton de un arco tan escuro con los peñascos que del otro lado abia, y la misma agua del rrio hera tan negra, que parecia abitacion de los del infierno. Era muy cerca de San esteban donde hellos tenian tanta mano como se dirá-1a huna bestia de las dos que llevaban la litera, no tenia acemilero siendo tan necesario huno para cada huna, como las dos para la litera, arrodillose la que yba a la banda, de la duquesa y por aquella parte bago al suelo la litera. La doña madalena hera mui medrosa y pusose como muerta: estabala consolando y animando la duquesa cuando llego un gentil onbre y la digo V. Xª salga questá en mui gran peligro, digole hella: qué peligro? levanten esa acemila. El criado antiguo que la tenia amor holvidandose del rrespeto ydiciendo buesa excelencia me perdone, ybala a hasir de los brazos para sacarla. Digole: teneos! que si asi a de ser yo saldre; y salio, y al mismo punto mando sacar a doña madalena que no tenia animo para salir y el que llegó a sacarla, se quedo con una parte de su toca en las manos: y la bestia que estava de rrodillas al mismo tiempo que salio la duquesa, se colgo; y como havia grande altura del camino al rrio y hera enpinada como huna pared derecha, no tuvo en qué se detener; y en colgandose, como peso mas que la que estava, entranvas cayeron con la litera y la que quedó dentro: y toda la litera se yço Ragas y ningun mal doña madalena. Así como cayo, pusose de rrodillas la duquesa, y con harto dolor digo: Madre de Dios ayudalda; y luego sentada en huna losa mando mirasen de lo alto, qué se avia hecho? y digeronla muerta está: asomose y digoles no, que hun brazo mueve, bagad esa camilla por ella : yçoles buscar una bagada y se la trageron con solo el mal del miedo y espanto que hen ella no hera poco; llegaron a San estevan y paro allí para acerla curar del espanto: y degandola en casa de un primo suyo que avia sido el huesped partieron al amanecer para subir hunas cuestas, que ni las de Monserrate, ni las de monseni no seran mas asperas ni enpinadas, ni de tan estrechas sendas, que no cavia ningun cavallo per ella: quisieralas subir a pie por su devocion la duquesa, mas sus continuas enfermedades no la tenian con fuerzas que lo pudiese acer. Fueron ella y su criada en unas sillas: y los criados, maestro, y el marques a pie con hunos baculos. Son aquellos montes admirables de altos, asperos y fertiles de arboles y buenas yerbas: que se nacen entre las çarças, y maleças, y muy abundantes de aguas de arroyos, que sacandolos el arte de los rromanos de los Rios de que tambien ay artos en aquella soledad, por entre las peñas como por condutos aciendo las hunas aguas y las otras un rrumor y estruendo corno de mar enbravecido, los trayan para labrar gran cantidad de minas que por alli ay: ni faltan tambien bestigios, de las que los Santos que abitaban aquellos montes grageavan y descubrian con su oracion en unas hermitas que por alli se ven echas de arboles i yerbas; por donde pasando la duquesa allava a su santo confesor arrimado a su baculo descansando en oracion: no benia el marques, tan descansado porque sobre ser tan baleroso y bravo soldado estava tímido en algunas ocasiones: que no temia su ermana siendo muger, y el temblava pensando que al sacar los santos habia de caer algun rrayo del Cielo, ho tragarlos la tierra: y benia no menos melancolico que arrepentido de aberse encargado de aquel camino: disimulaba su ermana la moyna quel ama mostrava, esperavala a la puerta con mucha y como la puso en su asiento, saliose. Ella se rreconcilio y digo a su confesor que antes de atreverse a habrir los santos sepulcros tuviesen en comulgando huna ora de oracion, en que él de nuebo lo encomendase a dios, aciendo quenta que no avian benido a trasladar Santos, sino a solo bisitarlos y le ordenase qué arian: oyeron tres ó cuatro misas; digola el maestro y comulgola; pusieronse en oracion, y estando en ella entro el marques con mui gran alegria diciendo: sus! señora agamos lo que hemos de acer oy y agame merced questa noche la tengamos en San pedro de montes ques abadia de benitos, y no aqui, que esta humedisimo; ya tengo guardas a tres puertas de esta yglesia. Fuimos, pareciendo al maestro questa mudanca hera la rrespuesta del Cielo, al sepulchro de San esteban abad con gran deseo de sacarle; porquestava a la entrada de una puerta; en el arco estava un onrrado lietrero; y con ser mas facil que sacar los dernas, nos fué tan inposible que tubimos por voluntad del Cielo que no le llebasemos de alli. Esta yglesia (es) de obra mui particular de pylastras y arcos tan rredondos que casi acavaba el circulo, y de obra mosayca, toda de una nabe. Tiene una capilla del Santísimo Sacramento al un testero, y al otro ‘hotra en questaban en dos ermosos y miii grandes sepulchros de gruessisirnas losas de marmol los cuerpos de San genadio y de San Urbano confesores anacoretas y obispos antiguos de astorga: que aun los santos en aquel tiempo que, a mas de setecientos años que murieron, por Reberencia del Santísimo Sacramento, los ponian a los pies de las yglesias y asi a los rreyes. Tenia el cuerpo de la yglesia dos Capillas por banda adonde por ella se sale por puertas de arcos y colunetas de alabastro y en ellas otros cinco cuerpos con el del abad esteban: Fue esta yglesia una de las abadias que san genadio fundo, cuyas Ruinas alli parecen y aunquel monte en que se edifico, y se abia subido, es altísimo, de aquella altura se lebanta otro que parece dexa las nubes debago, y que les queda superior: y llamase asta oy el silencio; que gano el nonhre del mucho que los Santos en el guardavan sin ablar gamas palabra sino las de la misa y Oficios divinos muchos tiempos que en el se rretiraban: i oy dia se ven las ermitas de pobre fabrica, y sin faltarles una piedra y todas Cubiertas gunto con una yglesia, que en el medio esta de malezas, que parecen echas de yerbas las ermitas.
A este monte del silencio no pudimos las mugeres subir por su aspereza grande: Mas solo mirarle infundia devocion y amor de la soledad. Bolbiendo a la yglesia, aquella losa del sepulchro de san genadio que cierto parecia heran menester cinquenta honbres para moverla: despues de ayer quitado huna Rega que la cubria, y estaba cubierta de atadillos con tierra de gunto a las losas, quentodo el bierço se le atan al cuello para las calçnturas, y en quitandoseles, que dicen es infalible la tornan alli. Solos el marques y tres criados, quitada la cal de las gunturas, y la lehantaron y abierta la tenian, todos quatro de rroclillas con palancas: el maestro rrebestido y de rrodillas y con achas blancas encendidas; lloravan de devocion y suavidad del grande y suave olor que del sepulchro salió; y no falto alli quien vio salir Resplandor. Sacose el cuerpo, que estaba compuesta toda el armadura de los huesos: y a la rredonda la carne convertida en un polbufo pardo: y alguna en su ser pegada a las canillas: degaronse los huesos pequeíios; porque no ydolatrasen los que alli acuden ciertos OC0S dias en el aio, con procesiones. Sacose asi tambien el cuerpo de san urbano degando algo, y el de san fones. Y en comiendo y abiendo limpiado la yglesia y adornado los altares se partieron, seria el medio dia, y asta mui noche tardaron en soto una legua, que caminaron por una sendilla, no usada desde la muerte de los Santos que por alli yban de una avadia a otra: mui mas aspera que lo pasado, y tan estrecha que parecio milagro delios no nos despeñar, porque las sillas no cavian. Cuando paravan para rnudarse, los que las llebavan, quedava sin duda lo mas en el aire, sobre hun avismo de ondura ha donde las acemilas a cada rrato rrodavan por no caver en lo angosto de la sendilla. Salbo la que traia la Santa arca que esa gamas cayo; y al sacar los Santos, sucedieron tres milagros que no quento por abreviar algo esta larga Relacion. Llegamos a san pedro: y en san esteban nos tenían llorados por muertos, quando supieron nos avian encaminado por allí: donde a San fructuoso le tiraron unos ballesteros como a fiera no creyendo que hombre umano alli estuhicra: aquella noche tubo mui buen aposento la duquesa que fue la misma yglesia, donde no osava arrimarse a las paredes. que por sus manos fabricaron los Santos. Bueltos al dia siguiente a san esteban, y tomando á la conpañera, y aciendo cornposicion alli en unos bandos de todos los becinos, caveços delios dos mugeres onrradas, y asi fue facil conponer las mugeres; aunque no poco, porquel mismo cura fomentava los bandos, y ubo la duquesa menester mas animo para rreprenderle que para meterse en la pendencia que rrebolbian aquellos malos espíritus que ahitavan en el ponton, donde yço poncr huna gran cruz, y enbio predicadores a san esteban; que los mas viegos no se acordavan haver oydo Sermon en su vida: tanta falta ace la palabra de dios. Despues desto se tornaron a billafranca".
El texto original fue publicado por Fidel Fita Colomé bajo el título: "Hagiografía. El santo asalto de la Duquesa de Alba en 1603. Relación contemporánea e inédita", Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo 42, Año 1903.

miércoles, 20 de enero de 2010

Santiago de Peñalba - Una visita de Francisco Giner de los Ríos

El  filósofo, pedagogo y ensayista andaluz Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) tiene entre sus mayores aportaciones a la cultura española la de haber fundado y dirigido la Institución Libre de Enseñanza. Giner fue uno de los pocos intelectuales españoles que participó activamente en una renovación educativa, cultural y social en la España del último tercio del siglo XIX y principios de la centuria siguiente. Su esfuerzo por la innovación le llevó a incorporar y adaptar nuevas corrientes pedagógicas y científicas importadas del extranjero. Por todo ello, el estudio de su dilatada obra se antoja imprescindible para el conocimiento de la historia del pensamiento español contemporáneo.
En su obra recopilatoria "Arqueología artística de la Península" (Madrid, 1936) se recoge un selecto puñado de artículos publicados con anterioridad en diversas revistas hispanas. Así, de su visita al Bierzo dejó escrito un interesante trabajo dedicado a la iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba". El texto procede originalmente de “La Ilustración Artística”, Barcelona, 1884, núm. 137.

"Santiago de Peñalva"

"El Vierzo o Bierzo -como por razón de su etimología debiera más bien escribirse- es la pequeña comarca, de unas cien leguas cuadradas, que forma el primero de los valles del Sil y circuyen las sierras de Ancares, Ornaña y Cebrero, tramos de la Cordillera Cantábrica, al N. y al O.; las montañas de León, con la sierra de Jistredo, al E.; y la Cabrera y los montes de Aguiar, al S. Húmeda, fresca, pero sin descender por lo común bajo cero; perpetuamente verde, ni por su situación, ni por su clima, ni por la raza, ni por las costumbres, ni por ninguna condición real, en suma, pertenece a la seca tierra castellana, de la cual se halla mejor defendida que de Galicia.

Por esto, si no conviene volver a la organización que por breve tiempo tuvo esta bella comarca hacia el primer tercio del siglo, en que constituyó una provincia aparte (uniéndole sin razón suficiente otros territorios limítrofes); y si en el carácter y usos de los bercianos se halla todavía cierto dejo leonés parece indiscutible que en ellos, y más todavía en la topografía de la región, predomina de tal suerte la afinidad con Galicia, que debe conceptuarse error el decreto administrativo, por cuya virtud se halla incorporada a la provincia de León, constituyendo extraño maridaje con el grave, seco, y un tanto bravío habitante de la no menos grave, seca y bravía tierra de Campos.
Dejando a un lado los mil atractivos que esta encantadora región ofrece al viajero, por sus admirables paisajes, las comodidades de su clima y relativa suavidad de sus moradores, así como las muchas cosas de interés que brinda a los curiosos, me limitaré aquí a describir sucintamente uno de los más importantes monumentos arqueológicos que encierra.
En este respecto, es verdad que la provincia de León tiene un valor extremado. El influjo arábigo- cordobés sobre elementos latinos y bizantinos, tiene aquí ejemplares tales como San Miguel de Escalada y Peñalva; el románico, ora en sus albores, ora en su gradual evolución hacia el arte ojival, en San Isidoro, Carracedo, Sahagún, San Pedro de las Dueñas, Sandoval, Gradefes; el esplendor del gótico francés en la maravillosa catedral leonesa y en Villafranca, San Marcos, Astorga y otros centros, notables ejemplares del gótico florido, del Renacimiento y del plateresco.
En el primer grupo, he nombrado a la abadía de Peñalva, interesantísimo monumento del Vierzo, como que corresponde a un arte cuyos vestigios apenas comienzan hoy a estudiarse, siendo todavía desconocidos muchos de ellos; testigo, la iglesia de Lebeña, una de nuestras más grandes joyas arqueológicas, bien puede llamarse verdadera revelación de estos últimos años (1).
Santiago de Peñalva fué edificado por el obispo Salomón hacia la mitad del siglo X y con el piadoso intento de conservar allí los restos de San Genadio y San Urbano, que una centuria antes habían hecho vida penitente no lejos de aquel sitio -en la cueva llamada del Silencio-. Ante todo la situación del templo es admirable. Bien se llegue a él desde Bouzas, bien desde San Cristóbal, bien desde San Esteban, el paisaje es de primer orden, dentro del género propio de la región berciana: valles risueños y estrechísimos, montañas de rápida pendiente, copioso arbolado, y una abundancia de cascadas y arroyos sin igual en otras comarcas semejantes de Asturias, Santander y Galicia, y que mantiene en la vegetación indescriptible frescura.
En cuanto al templo, constituye con los ya citados de Lebeña, San Miguel de Escalada y quizá (2) San Juan de Baños, una de esas importantísimas construcciones en que los recuerdos clásicos se combinan con el influjo de la arquitectura árabe del califato, llevado por los monjes de Córdoba. En el siglo XII, sin embargo, ha sido objeto de una restauración; pero la obra románica no parece haber alterado la estructura fundamental del edificio, ni los principales elementos que le dan su característica fisonomía. Otras construcciones posteriores y sin importancia adosadas a sus muros, incluyendo en ellas la torre, desfiguran su exterior, en cambio; mas por su propia insignificancia, tampoco han podido causarle gran daño.
En el exterior llaman desde luego la atención la combinación de sus cuatro cuerpos de diversa altura, semejantes a las demás iglesias de este tiempo; los espléndidos canes, casi idénticos a algunos de San Miguel de Escalada, y más todavía a los de Lebeña; y unas pequeñas gárgolas, que a ser, como parecen, del siglo x, presentarían un interés difícil de desconocer, pues no suelen encontrarse en este tiempo. La distinta altura de los dos cuerpos que terminan el templo y envuelven los dos ábsides del E. y el O. depende de la reforma que este último ha sufrido al levantar su cubierta sobre una carpintería, mientras que el lado oriental conserva el simple trasdós de la bóveda.
La planta (3) es sumamente importante. La constituye un rectángulo, orientado en la dirección E.-O. y cada uno de cuyos lados menores tiene inscrito un ábside, que no se acusa por tanto al exterior, y un crucero hacia el extremo E., como de costumbre, cuyos brazos son algo mayores que el espacio que entre aquellos ábsides queda libre. Los cobertizos modernos que rodean el edificio por sus lados mayores ocultan dichos brazos, por tener casi el mismo vuelo que ellos.
La planta de los dos ábsides es de herradura; su situación, uno al E. y otro al O., como ya se ha dicho, muy extraña; sus dimensiones, idénticas; y están cubiertos por bóvedas agallonadas con aristas, en lo cual, como en la forma de la planta, recuerdan los ábsides de San Miguel de Escalada. El del E. es, sin duda, el principal, por más que hoy en ambos haya altares. Lo muestran así, no sólo su orientación, sino la circunstancia de tener delante y en el crucero la especie de cúpula de que hablaré más tarde. El ábside de Poniente contiene los sencillos sepulcros de San Genadio y San Urbano, el primero de los cuales está cubierto con una losa longitudinalmente dividida en dos vertientes por una arista poco pronunciada.
Por último, los arcos de triunfo o de ingreso a los ábsides son también de herradura y se apoyan sobre dos columnas exentas, coronadas por capiteles latinos con ábacos dobles o aun triples, que recuerdan los bizantinos, v. g., de Ravena. Igual forma y soportes tienen los arcos todos de este templo, variando sus dimensiones tan sólo.
Los brazos del crucero, como en Santa Cristina de Lena (aunque ésta es de planta de cruz griega), en Valdedios, en Priesca, en Santullano, etc., están formados por dos cámaras (convertidas hoy en sacristías), cubiertas por bóvedas de cañón recto, cuyos ejes son normales al de la nave, a fin de contrarrestar sus empujes; cada una de ellas comunica con ésta sólo por una pequeña puerta adintelada con su correspondiente arco de descarga, estructura también usual en los templos asturianos citados.
La nave tiene, próximamente, 11 m. por 5, y se halla dividida en dos tramos por dos pilares (correlativos a otros tantos contrafuertes en el exterior), con dos columnas exentas adosadas, sobre las cuales se alza un arco de herradura, que soporta a su vez un muro, corrido hasta la bóveda y perforado a su vez, como es frecuente en estos casos, por otro arquillo de herradura también.
De los dos tramos de la nave, el occidental está cubierto por una bóveda de cañón recto, contrarrestada por dos contrafuertes en el muro de cada lado. En el lienzo del S. se abre la puerta principal, formada por una doble arcada de herradura, cobijada dentro de otro arco de igual forma inscrito en un arrabá (como lo está también el del ábside del E.). En el exterior, se halla la pila que parece de una especie de cemento; y por dentro en este mismo muro, una inscripción de la segunda consagración de la iglesia en 1105; recientemente se ha destrozado esta entrada para colgar sobre ella una tribuna. Verdad es que cuando se considera en qué manos suelen hallarse estos monumentos, admira que quede algo de ellos en pie todavía.
En el muro del N., hubo una puerta, hoy tapiada, rectangular, con su arco de descarga y una inscripción de 1132, relativa al abad Esteban. Por fuera hay adosado a este mismo muro un sepulcro, que podría ser del XI.
El segundo tramo de la nave es cuadrado e importantísimo. Sube a gran altura y forma una especie de cúpula, cuya bóveda, agallonada como la de los ábsides, pasa de su planta a la cuadrada de la parte Inferior, en que descansa, no por medio de pechinas, Sino de ángulos, disimulando luego la arista cóncava que resulta con una suave transición de sentimiento y Una especie de archivolta. Sólo esta cúpula bastaría a dar a Peñalva uno de los primeros lugares en la historia de nuestra arquitectura, para la cual constituye un dato precioso.
Por último, las ventanas son pequeñas y rectangulares: sin embargo, en el dintel superior de alguna se advierte la forma de herradura; también debe citarse la losa perforada, hoy ciega, que se ve en el muro exterior del ábside de poniente.
No concluiré sin indicar que en esta iglesia quedaban todavía en el último verano una preciosa e intacta cruz procesional de plata grabada, del XV, y estilo flamenco, de las más hermosas que he visto (a cuyo varal, por cierto, sirve de peana -como es muy frecuente- un capitel latino), y una naveta de cobre esmaltado, tal vez de principios del XIII, ya maltratada. ¿Estarán allí todavía? La Comisión provincial de monumentos ya está advertida.
Como puede colegirse de estos ligerísimos apuntes, la abadía de Peñalva interesa de un modo fundamental para la historia de nuestra arquitectura, tan desconocida en realidad a pesar de la maravillosa constancia con que a propósito de ella se vienen repitiendo vulgaridades y lugares comunes que excusan de más severos estudios. Especialmente para la transformación de la arquitectura clásica en la románica, Peñalva constituye un dato tan importante, cuanto que en ella elementos latinos, (v. gr.: los capiteles); bizantinos, como el crucero y la cúpula; árabes, como las herraduras y las bóvedas agallonadas, se enlazan y dan lugar a un conjunto que cada día adquiere más valor. Los canes y las gárgolas son también interesantísimos".
(1) Situada a la orilla del Deva y casi en el magnífico camino de Unquera a Potes (Santander), la importancia de este templo ha pasado inadvertida mucho tiempo a nuestros arqueólogos; en el verano de 1880, el profesor de la Institución libre de Enseñanza, que pasó por este sitio, dirigiendo una excursión de alumnos de este centro, visitó el templo y quedó sorprendido de su importancia, llamando sobre ella la atención de sus compañeros, uno de los cuales, el señor Torres Campos, ha ido expresamente este verano a estudiarlo y se prepara a dar a conocer el resultado de sus investigaciones. (Las publicó, en efecto, en el interesante estudio: “La Iglesia de Santa María en Lebeña”, por R. Torres Campos, con dibujos de Juan B. Lázaro. Madrid, Fortanet, 1885. -N. de los Edits.)
(2) En el caso de que -según opinan algunos- la actual iglesia no sea la de Recesvinto, sino en gran parte una reedificación del X.
(3) Publicada con suma inexactitud por el P. Flórez en la “España Sagrada”.

martes, 3 de marzo de 2009

El epígrafe fundacional de San Esteban de Corullón

Corullón está situado al oeste de la comarca del Bierzo, a unos cuatro kilómetros de Villafranca, por la antigua carretera que une ésta con el Barco de Valdeorras. Su actual casco urbano se extiende desde casi la cima del monte Sadurnín hasta el valle recorrido por el río Burbia.
Al margen de diversos testimonios de una ocupación antigua, de la villa medieval se tiene constancia documental desde el siglo X, concretamente desde el año 938, en relación con unos bienes donados aquí a la catedral de Astorga. Se organizó el caserío en la vertiente meridional del cerro, en torno a las parroquias de San Miguel, San Esteban y San Pedro. Estos núcleos formaron ya desde sus orígenes barrios separados, que junto con los monasterios de Santa Marina de Valverde, San Martín y Cabeza de Alba conformaron un complejo entramado de poblamiento disperso, vigilado todo ello desde las alturas por su castro y su castillo.


La iglesia de San Esteban de Corullón es una de las joyas románicas de la localidad, a la par de su compañera de San Miguel. Ambos templos son BIC (Bien de Interés Cultural) desde el año 1931.
San Esteban se localiza en la parte baja de la ladera del monte que desciende hacia la vega del Burbia. Su elegante y esbelta torre, adosada a los pies, es el elemento más contundente y llamativo de toda su fábrica.
Según ha sido glosado por varios autores, ciertos rasgos estilísticos e iconográficos emparentan este templo con el primer románico jacobeo. De hecho, su pequeña portada tiene una vinculación muy acusada con la fachada de Platerías de la catedral de Santiago de Compostela, obra datada habitualmente hacia 1103. Otras opiniones, en cambio, sitúan la obra de San Esteban bien avanzado el siglo XII. Muy destacada es también su colección de canecillos guarnecidos bajo los aleros, varios de ellos de temática claramente sexual.
Testimonio fiel de los orígenes de San Esteban de Corullón es una inscripción incrustada en la cara norte de su airosa torre. Se encuentra a considerable altura, sobre unos de los arcos que dan acceso al pórtico occidental. Su interés, como el de tantos documentos epigráficos de época medieval, está en proporcionar una información muy precisa sobre la cronología y las circunstancias que rodearon la fundación de este templo.
El soporte material es un mármol grisáceo de forma irregular. La pieza está prácticamente completa, salvo alguno de los caracteres del borde izquierdo hoy ilegibles por una fractura de corte sinuoso. A ello ha podido contribuir un rejuntado reciente con cemento, extendido a toda la mampostería del muro. La inscripción fue repasada en algún momento con una tinta ocre, de la que hoy se aprecian vestigios en algunos sectores. El estado de conservación es bastante aceptable, con puntuales síntomas de desgaste de la piedra.
En el ángulo superior derecho un corte oblicuo de la piedra es la principal anomalía destacable, pero este hecho no afecta a la lectura, pues ya fue tenido en cuenta a la hora de acomodar las siete líneas de la inscripción a la forma irregular del campo epigráfico.


La labor previa fue adecuadamente preparada y delimitada. El responsable de la ordinatio se ayudó de líneas de guía para establecer la altura de las letras y ordenar el sangrado del texto, consiguiendo un efecto estético armonioso y un tamaño de las letras uniforme. Restos de trazos de este pautado se aprecian con claridad en el borde derecho de la inscripción.
El ductus es claro y elegante, si bien algunos de los caracteres empleados fueron ya tachados de "algo raros" por Gómez Moreno, como es el caso de la "E" con forma de cruz o el particular rasgo curvo de la "T". En realidad esta última es una versión de la "T" visigótica tan frecuente en los epígrafes leoneses altomedievales. Las ligaduras o nexos de trazos comunes en las letras se emplean con relativa frecuencia. La separación de palabras se hace mediante interpunción de tres puntos, empleados de una forma bastante arbitraria.
La lectura, una vez desarrolladas las abreviaturas, es la siguiente:
[I]N N(O)M(IN)E : D(OMI)NI : N(O)S(TR)I : I(ES)HV : X(H)P(IST)I : ET IN HONORE :
S(AN)C(T)I : S(T)EPHANI : SACRATVUS : EST : LOCVS ISTE : AB EP(ISCOP)O
[A]STORICE(N)SE : N(O)M(IN)E : OSMVNDO : IN ERA : CENTIES :
[D]ENA : ET : BIS : QUINQVAGENA : ATQVE : DVO DENA
ET : IIII : Q(VO)TUM XVII K(ALENDAS) I(A)N(UA)RII : P(ER) MAN(V)S DE PETRO: MONINCI : ET PRESBITER
[C]VIS : ORIGO ERAT POSTEA : AD ANNOS : VII : EIECIT : EAM ET
A FVNDAMENTO : CONSTRVXIT : ET IN ALIOS : VII : FVIT : PERFECTA
La lectura de nuestro epígrafe no ha presentado muchas dificultades a cuantos se han ocupado de él, al menos en lo que se refiere a su datación y aspectos generales. Ya Enrique Flórez ofreció una transcripción completa en el tomo XVI de su "España Sagrada", que ha servido de base al resto de autores.

Mayores incovenientes ha tenido la interpretación del final de línea sexta y el comienzo de la séptima: "ET PR / [...]VIS ORIGO ERAT". El propio Flórez propuso desarrollarlo como "PATRIS CVIS ORIGO ERAT". "...y así las letras PR de la inscripción, después de per manus de Petro Moninci. Et Pr. más parece denotan et patris que pesbyteri pues era superflua la copulativa en tal sentido. El Padre parece era originario de aquel lugar, según la expresión cujus origo erat (CVIS por CVIVS)".
A Quadrado, en sus Recuerdos y Bellezas de España, le parece de mayor sentido "ET PARVIS ORIGO ERAT", interpretación que también parece admitir Gómez Moreno. Más recientemente María Concepción Cosmen Alonso proponía una lectura diametralmente diferente, haciendo de "ORIGO" un nombre propio y, por tanto, traduciendo: "... y de la cual (iglesia) era presbítero Origo".
La cuestión cronológica no ha ofrecido, por el contrario, muchas dificultades. Existe consenso en datar la consagración de la primera iglesia el 16 de diciembre de 1086. Después de siete años fue derribada: "eicit", a continuación fue reconstruida desde sus cimientos: "a fundamento constrvxit", y en otros siete años concluida: "fvit perfecta". Por tanto, la construcción del edificio románico debería situarse entre los años 1093 a 1100. Estamos ante un epígrafe directamente emparentado con otros relativos a la actividad fundadora en el Bierzo del obispo Osmundo, como el de Tombrío de Abajo (2 de octubre de 1082) y San Martín de Pieros (19 de noviembre de 1086).
En el intervalo 1086-1100 contamos con alguna noticia complementaria que indica que la parroquia de San Esteban tiene ya personalidad jurídica y es el centro de un barrio o colación. En 1096 Elvira Eriz, mujer de Nuño García, donaba a la iglesia de Astorga, su obispo Osmundo y sus clérigos, una heredad en Corullón: "bajo las campanas de San Esteban", territorio del Bierzo, en el lugar llamado Ríu. Dicha heredad había sido obtenida por la donante a través de una permuta con cierto Monio Petriz.

Algunos años después, el promotor de la fundación entregaba el templo a la sede asturicense. El 12 de agosto de 1124. Pedro Moniuz donaba a la iglesia de Astorga y a su obispo Alo: "la heredad en que está fundada la iglesia de San Esteban de la villa de Corullón, con sus casas y heredades de tierras labradas y por labrara, viñas, árboles, montes y solares y expresa los linderos de dicha heredad, que uno es con Zemena Moniuz, otro con Nuño Álvarez y otro con Rodrigo Fuertes". De este diploma, como del anterior, sólo conservamos breves extractos. No obstante, Flórez alcanzó a leer el texto íntegro, añadiendo algunas precisiones sobre su contenido: "El mismo Pedro Moniuz, que fundó la Iglesia, se la donó a la Catedral y a su obispo Alón en el año 1124, según muestra la escritura del Tumbo Blanco fol. 103, donde no se intitula Presbyter, sino "servus et famulus Dei, audiens dicere in Evangelio", cuya voz audiens es más propia de lego que de presbítero".
Sobre toda esta problemática deben hacerse algunas precisiones. La posibilidad de que el término "origo" pueda ser un antropónimo en lugar de un nombre común resulta remota. Desde luego, no está presente en la documentación de la catedral de Astorga y tampoco compadece en colecciones diplomáticas leonesas muy voluminosas, como la de la catedral de León o el monasterio de Sahagún.
Por el contrario, varios argumentos de peso van en la línea de desarrollar "pr" como "presbiter", siempre en relación con el susodicho Petrus Moninci. Según Quadrado, por bajo de nuestra inscripción existió alguna figura y un epígrafe complementario, hoy todo ello en paradero desconocido: "Abajo hay una figura de sacerdote con un libro en la mano en el cual está escrito: Petrus Munnioci q. t. pr. jussit hoc opus facere".
La existencia de esta explanatio se confirma por ciertos apuntes manuscritos que Augusto Quintana Prieto tenía en un ejemplar de la obra de Flórez: "En otra piedra de la misma iglesia y del mismo tiempo se lee PETRUS MO / NNINE ET / PR. JUSSIT / HOC OPUS FACERE". Gómez Moreno no llegó a ver nada de esto, pero se hizo eco de la tradición popular: "La figura de Pedro Muñoz, con su nombre, que Quadrado vio debajo, no existe; además, había otra, como de un perro, a su lado, y vulgarmente se decía que representaba "la fame y la sede". Por último, en el relieve de la lapidación de San Esteban empotrado en el muro de la casa rectoral puede leerse una inscripción sobre el nimbo del santo con la palabra "PRESBITERI", abreviada como "PRI". Es curioso como la representación de este personaje coincide casi al pie de la letra con la de la figura vista por Quadrado en la torre: "una figura de sacerdote con un libro en la mano", lo cual llevaría a pensar que tal vez estuvo allí antes de pasar a la casa rectoral, pero el resto de detalles, en cambio, no coinciden. Todavía hoy son visibles las huellas dejadas por al menos dos piezas incrustadas en la cara sur de la torre, en el espacio existente entre la inscripción y el arco del pórtico.
Por todo ello, está controvertida frase debería desarrollarse como "ET PRESBITER [C]VIS ORIGO ERAT". La palabra "origo" tiene como traducciones habituales las de "origen" y "principio", pero también como "patriarca", "antecesor" o "fundador", fundador en este caso de nuestro templo y primer presbítero del mismo. Este personaje ha sido identificado como un presunto hermano de Jimena Muñiz, la célebre amante o "amiga" berciana de Alfonso VI.
Una traducción completa del epígrafe podría ser:
"En nombre de nuestro Señor Jesucristo y en honor de San Esteban fue consagrado este lugar por el obispo de Astorga, de nombre Osmundo, en la era MCXXIIII el día 17 de las kalendas de enero por mano de Pedro Muñiz, y cuyo fundador era el presbítero, posteriormente a los siete años derribó ésta y desde los cimientos la reedificó y en otros siete años fue terminada".

jueves, 19 de febrero de 2009

El Beato de Osma y el monasterio de Carracedo

El llamado Beato de Osma es un valioso códice que recoge los célebres Comentarios al Apocalipsis atribuidos tradicionalmente al presbítero Beato de Liébana. Se custodia en el Museo Catedralicio y Diocesano de Burgo de Osma, instalado en dependencias del entorno del claustro. Es, indudablemente, la joya más preciada de la catedral.
Las medidas del libro son 360 x 255 mm. Consta de 166 folios escritos en letra visigótica a dos columnas de 43 líneas. Conserva 71 miniaturas, de entre las cuales la más difundida internacionalmente es la famosa representación del mapamundi a doble página en los folios 34v-35r.
Imágenes: 1. Mapa mundi [fol. 34v.-35r]
Con el propósito de ilustrar la dispersión geográfica de los apóstoles por todo el ecumene, o mundo conocido en la Antigüedad, se incluyó en los Beatos un mapamundi derivado, en buena medida, del cartograma isidoriano. En él se mostraban las sortes apostolorum o lugares donde los discípulos de Jesús habían predicado. El reproducido en el códice de Osma es uno de los más completos que existen. Su forma es circular, con un Paraíso regado por cuatro ríos y el busto-retrato de los doce apóstoles. Cada uno de ellos está asentado sobre su presunto lugar de evangelización, acompañado de un rótulo identificativo.
La geografía de la Península Ibérica es especialmente detallada en la región de la "GALLECIA", sin duda recuerdo de la antigua provincia o circunscripción romana y altomedieval de la "Gallaecia". La figura de Santiago el Mayor, "S. Iacobs aps.", se asienta sobre un santuario en las proximidades de lo que se entiende es el faro de La Coruña, "Faro". Los ríos Miño, "F. Minneus", y Duero, "F. Durius", y el territorio de Asturias, "ASTURIAS", son otros de los referentes espaciales.

2. Detalle del Mapa mundi con la descripción de "GALLECIA"
El manuscrito parece ser obra de varias manos. En el folio 138v. suscribe cierto clérigo de nombre Pedro: "Memento mei Petrus clericus scripsit", mientras que en folio 163, bajo la omega final, comparece un tal Martín o Martino: "Martini peccatoris mementote". Este último personaje se ha venido identificando con el iluminador, aunque sin mucho fundamento. La data se consigna en el folio 10v. "IN NOMINE DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI INCIPIT LIBER APOCALIPSIN QUOD INTERPRETATUR REVELATIO CHRISTI. ERA MCXXIIII" (año 1086).
Nuestro Beato pertenece a la denominada Familia I de la tradición textual, al igual que ocurre con otros textos relacionados con él como el Beato de Lorvao -datado éste en 1189- o dos folios de un Beato de la segunda mitad del siglo XII conservados en el Archivo Histórico Provincial de León.
Sobre el lugar de producción y el paradero anterior de este singular códice existen muchas especulaciones. A finales del siglo XIII o principios del siglo XIV debía estar ya en Osma, pues en un inventario de libros y documentos de esta época se mencionan "unas ystorias eclesiasticas e un apocalipsis toledano". Igualmente, en el vuelto del folio 165 de nuestro manuscrito existe una anotación en letra de la segunda mitad del siglo XIII: "Apochalipsis est de armario Oxomensi. Si quis eum furatus fuerit vel alio modo de eo extraverit sine licentia conventus vel hc. totum deleverit anathema sit".
3. La mujer y el dragón [fol. 117v.]
La primera descripción pormenorizada del códice fue realizada en 1929 por Timoteo Rojo Orcajo en su "Catálogo descriptivo de los códices que se conservan en la Santa Iglesia Catedral de Burgo de Osma". En 1992 Vicent García Editores S.A. publicó una edición facsímil del códice, acompañada de los correspondientes análisis codicológico, paleográfico, artístico y de crítica textual. Los estudios fueron realizados por Barbara A. Shailor, E. Romero Pose, J. W. Willians y Serafín Moralejo. A partir de los estudios de Shailor se ha propuesto últimamente el scriptorium del monasterio de los Santos Facundo y Primitivo de Sahagún como el responsable de su escritura e iluminación: "Hoy, sin embargo, es claro que su formato físico, escritura y ornamentación apuntan incontrovertiblemente al monasterio leonés de Sahagún como lugar de origen". Esta adjudicación ha sido también asumida, con algunas matizaciones, por John Willians, J. A. Fernández Flórez y Joaquín Yarza Luaces.
Sin embargo, en el folio 165r. nos topamos con el contenido de dos documentos directamente relacionados con el monasterio de Carracedo. Por una parte el fragmento final de una Bula de Inocencio III fechada a 22 de noviembre de 1203. Por otra, una carta, sin fecha, de Don Lope, obispo de Astorga (1190-1205), dirigida al abad y monjes de dicho monasterio: "Astoricensis ecclesie episcopo dilectis in Christo filiis abbati et fratribus de Carrazeto". Ambos diplomas están relacionados con la sujeción del monasterio berciano a la observancia del Císter y están recogidos en el llamado "Cartulario de Carracedo".
Carracedo durante la segunda mitad del siglo XII se había convertido en cabeza de una congregación con numerosas filiales en León, Galicia, Asturias y Zamora. Hacia 1203 esta congregación ingresará en la orden francesa del Císter a través de Citeaux, cambiando sus antiguos hábitos negros benedictinos por los blancos cistercienses, y mudando su anterior nombre de San Salvador por el de Santa María de Carracedo. De este momento se conserva abundante documentación, entre ellas varias cartas de Inocencio III fechadas en 1203. El primero de los textos copiados en el Beato de Osma es parte de un diploma bastante más amplio originalmente y que incluía la confirmación de todas las heredades del monasterio.

4. Diplomas de Carracedo copiados en el folio 165r.
A partir de la presencia de estas cartas se ha supuesto por algunos autores, como Ramsay o Neuss, su confección en el cenobio de la ribera del Cúa. Sin embargo, son varios los inconvenientes serios de índole histórica que plantea esta hipótesis. El monasterio de San Salvador Carracedo, fundado por Bermudo II en torno al año 990, pronto perdió pujanza tras la muerte del rey y atravesó un periodo de casi total oscuridad hasta su refundación en 1138 por Alfonso VII y su hermana doña Sancha. De todo ello es fiel testigo el registro de documentos del Índice o Cartulario de Carracedo. Estos pormenores parecen no haber sido tenidos en cuenta por los estudiosos del códice.
La última donación conocida al monasterio es de 995, y partir de entonces son muy raras las menciones en la documentación de la época. Yepes cita algún diploma de 1030 que indicaría su pervivencia, pero todo apunta a que la vida monástica o bien había desaparecido o languidecía. En 1094 unas heredades en Corullón se deslindan con "término de Carrazedo", según un diploma de la Catedral de Astorga.
Como han puesto de manifiesto José Antonio Balboa de Paz y Manuel Carriedo Tejedo, otros documentos coetáneos mencionan simplemente la existencia aquí de una villa, sin ninguna alusión a la comunidad de monjes. Tampoco contamos con datos fiables sobre posibles o supuestos abades, no habiendo más que especulaciones al respecto.
Lo cierto es que las noticias sobre el claustro berciano se difuminan entre 1040 (fecha de la última donación conocida a favor de San Salvador), y el año 1130 (cuando se menciona el infantado de Carracedo). Entre ambas fechas una mención en 1126 nos presenta actuando en Carracedo una autoridad civil: “Petro Garcia, tenens Carrazeto”.
Sobre el diploma de 1040 tampoco hay total seguridad, pues hoy no se conserva y sólo Yepes alcanzó a glosar su contenido en el siglo XVII. Se trata de una donación por el obispo astorgano Sampiro de la villa de Sorribas en la que se cita un abad de nombre Esteban. En 1130 con motivo de la entrega por Alfonso VII a la iglesia de Santiago de la villa de Cacabelos, confirma, entre otros, la infantisa doña Sancha: “Ego infantissa domna Sancia ... confirmo et quicquid in prefata villa habeo pos partem de infantatico de Carracedo”. Esta noticia es anterior, en cualquier caso, al traslado de los monjes de Santa Marina de Valverde a San Salvador de Carracedo, al frente del abad Florencio, con el patrocinio de Alfonso VII, según sabemos por un diploma fechado el 17 de octubre de 1138.

5. Portada de la Sala capitular del monasterio de Carracedo
En tales circunstancias resulta muy remota la posibilidad de que en este lugar pudiera haberse compuesto en 1086 un códice de la envergadura y la calidad del conservado hoy en Burgo de Osma.
Otra cosa son las razones por las que las mencionadas escrituras fueron incorporadas al beato oxomense. En la descripción del códice hecha en 1929 por Timoteo Rojo Orcajo  hacía ya constar que el folio 165 fue puesto como guarda del manuscrito, es decir, no pertenecía orgánicamente a ningunos de los cuadernillos.
Si cotejamos los textos de dicho folio 165r con los documentos correspondientes del "Cartulario de Carracedo" resulta evidente que estamos ante una copia incompleta hecha en fechas cercanas a 1203 y que, por tanto,  faltarían al menos o uno dos folios más. Todo apunta que el folio es cuestión fue reaprovechado como guarda, desgajándole previamente de un bifolio o un cuadernillo con más páginas.
A partir de estas premisas las posibilidades se multiplican. Puede tratarse de un simple "pergamino viejo", uno de tantos, reutilizado en alguna reencuadernación del manuscrito en Osma o en cualquier otro lugar. Pero tampoco puede descartarse totalmente la estancia en los anaqueles de la biblioteca de Carracedo a partir de mediados del siglo XII.
Podría haber sido adquirido entonces por la recién renovada abadía, o haber recalado aquí desde cualquiera de los monasterios filiales de su orden, varios de ellos con historia conocida en la segunda mitad del siglo XI. Otra posibilidad es que estuviera prestado temporalmente para la realización de una copia. De hecho, el Beato de Lorvao parece ser una copia del códice de Burgo de Osma, o bien ambos textos proceden de un mismo arquetipo. Igualmente, los dos folios sueltos de un Beato procedente de Astorga, hoy en el Archivo Histórico Provincial de León, tienen alguna relación iconográfica y codicológica con los ejemplares de Osma y Lorvao.
6. Portada occidental de la iglesia del monasterio
Cuando Ambrosio de Morales visitó la biblioteca de Carracedo en el siglo XVI advirtió que una gran parte de sus ejemplares antiguos se habían enajenado: "Libros han tenido muchos, y hanlos dado para pergamino viejo: todavía quedan estos: Sancti Paterii Opus: ex operibus D. Gregorii. Berengarius in Apocalypsim. Un santoral muy bueno, que tiene al cabo la Historia de Paulo Diácono de Mérida, y también las Obras de Valerio, que fue Abad allí en el Vierzo, poco después de la perdición de España: y en Oviedo se ha dicho ya como había allí también sus obras".
Lo que es indudable es que en la segunda mitad del siglo XIII nuestro Beato ya pertenecía al capítulo de Burgo de Osma, según consta del texto copiado a la vuelta de ese mismo folio 165. Sabemos, además, que la catedral de Osma adquirió varios códices procedentes de la abadía navarra de Santa María de Fitero.
En cualquier caso, la catedral estaría interesada en adquirir un Beato, obra de un gran prestigio dedicada expresamente por el autor a un obispo suyo, Eterio de Osma, todo ello a pesar de que para entonces la letra visigótica estaba ya totalmente en desuso. Prueba de ello es la descripción inserta en el primer folio del códice: "Explicación del Apocalipsis por varios autores. Esta exposición es de S. Beato de Liébana, abad de Liébana (Cantabria) famoso por haber combatido juntamente con Eterio, discípulo de S. Beato, obispo de Osma, los errores de Félix (obispo de Urgel fue convencido de error y murió en 818) y Elipando (arzobispo de Toledo, que murió contumaz en 808)".

Enlace al facsímil de Vicent García Editores S.A http://www.vgesa.com/facsimil-codice-beato_liebana-osma.htm